Temas centrales
Asuntos centrales Esta sección está dedicada a los asuntos que son importantes para los pueblos indígenas de Botswana.
Derechos territoriales
Según la Constitución de Botswana, todos los ciudadanos del país tienen derechos territoriales. La Política sobre Tierras de Pastura Tribales (TGLP) de 1975 también plantea específicamente que todos los batswana tienen derecho a una cantidad suficiente de tierra para satisfacer las necesidades de los individuos. Sin embargo, los derechos territoriales de los san nunca fueron reconocidos completamente. Como tradicionalmente han sido cazadores recolectores, se consideró que no tenían tierra propia y a partir de fines del siglo diecinueve fueron perdiendo su tierra consuetudinaria ante el avance de los colonos, ganaderos, parques nacionales y reservas de animales de caza, y otros programas del gobierno. Para los san, la pérdida de tierras ha implicado la pérdida de trechos que tenían un significado tanto económico como cultural, así como el reasentamiento en colonias establecidas por el gobierno (ver la sección sobre la política de asentamientos). En particular, la TGLP de 1975 tuvo un impacto importante sobre la situación territorial, ya que promovió la creación de grandes establecimientos ganaderos comerciales. La intención original de crear “zonas reservadas para resguardar a los miembros más pobres de la población” nunca se materializó y se estima que entre 28.000 y 31.000 personas –la mayor parte de ellos san- fueron desplazadas de las zonas establecidas por la TGLP. En tiempos más recientes, la implementación en curso del Componente Forestal del Programa Nacional de Desarrollo Agrícola de 1991 en Sandveld occidental, Distrito del Centro, sigue causando la pérdida de acceso a tierras y otros recursos naturales a una gran cantidad de habitantes rurales, muchos de los cuales son san. Los san también perdieron territorios tradicionales a causa de las políticas conservacionistas. Los parques nacionales y las reservas de animales de caza creados a partir de 1940 ya ocupan el 17,4% del territorio de Botswana. Al igual que con la creación de ranchos bajo la TGLP, la tierra en la cual fueron creadas estas reservas no estaba vacía y la gente –que en la mayor parte de los casos era san- que utilizaba esta tierra fue excluida de la misma. Este fue el caso con el Parque Nacional Chobe, la Reserva de Animales de Caza Moremi y la Reserva de Animales de Caza Khutse. Un caso más reciente fue el de la Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central (CKGR), que fue creada en 1961, en parte para proteger la forma de vida tradicional de los san, y donde vivían más de 2.000 san y bakgalagadi hasta que comenzaron a ser desplazados de la tierra por el gobierno a partir de 1996-7; las últimas evicciones fueron en 2002. Además de los parques y reservas, otro 20,9% del territorio de Botswana ha sido separado como Zonas de Administración de Animales Salvajes (WMA). En estas áreas, los animales salvajes tienen prioridad, pero, a diferencia de los parques nacionales y reservas de animales de caza, no está prohibido que vivan personas allí dentro. La mayor parte de los asentamientos dentro de las Zonas de Administración de Animales Salvajes pertenecen a los san. Sin embargo, a pesar de que los san siguen teniendo acceso a la tierra en estas circunstancias, no tienen derechos formales y sus necesidades son consideradas con frecuencia secundarias a otros intereses (como, por ejemplo, los de los operadores de safaris). En Ngamiland, los ju|'hoan san fueron desplazados de sus tierras ancestrales como parte de los esfuerzos por obtener el estatus de Patrimonio Mundial de la Humanidad para el sitio arqueológico de Tsodilo Hills. Hasta los san que fueron reubicados muchas veces enfrentan la posibilidad de perder sus hogares y tierras nuevamente debido a las decisiones del gobierno o acciones por parte del sector privado. Esto ocurrió para los habitantes de la CKGR, que en los ochenta fueron alentados a mudarse a Xade, un asentamiento construido dentro de la CKGR y a quienes se les pidió que se mudaran nuevamente en 1996, esta vez a New !Xade, en las afueras de la CKGR. Actualmente, los san que viven en Ngwatle, en el Distrito de Kgalagadi se ven amenazados por la posibilidad de que se establezca un corredor de reservas de conservación de animales salvajes entre el Parque Transfronterizo de Kgalagadi y la CKGR. La legislación territorial actual no incluye ninguna disposición especial para las necesidades particulares de los san. Si bien se dice que el gobierno de Botswana está brindando tierras a los san que están siendo reubicados, las áreas comunales asignadas a cada asentamiento –habitualmente entre 10.000 y 15.000 hectáreas- son demasiado pequeñas para la caza y recolección. Dentro de la legislación nacional vigente para todos los ciudadanos, los san tienen la posibilidad de solicitar pequeñas parcelas de tierra de las Oficinas para la Tierra, pero éstas sólo pueden ser de uso residencial, comercial, agrícola o pastoral, y no pueden utilizarse para la caza o recolección. Además, el proceso de adjudicación es largo, complicado y costoso. Muchos san también aducen que no se da prioridad a sus pedidos y, por lo tanto, pocos han obtenido títulos legales para sus parcelas de tierra cultivable y pocos, o ninguno, han obtenido tierras de pastura, ya que no poseen la cantidad necesaria de ganado ni tienen el capital para hacer un pozo de agua. Sin embargo, hace poco tiempo, tres grupos de san que se organizaron como Sindicatos Ganaderos lograron obtener tierra para la agricultura comercial en el Distrito de Ghanzi.
Derechos de caza y recolección
La caza y la recolección han sido la base del sustento de los san durante siglos. Si bien pocos o casi ninguno vive hoy en día principalmente de la caza y recolección, siguen viendo a estas dos actividades como una parte fundamental de su cultura e identidad como pueblo. Para los más pobres, la caza y recolección también les asegura una cierta cantidad de alimentos y puede también generarles un ingreso (la producción de artesanías en base al cuero, la cáscara de huevos de avestruz, etc.) Con el transcurso de los años, la legislación, la regulación de la caza y los proyectos de desarrollo (minería, ganadería comercial, etc.) han restringido cada vez más el acceso a los recursos relacionados con la caza de animales salvajes. Hasta fines de los noventa, los habitantes de las zonas remotas (entendidos como personas que viven en zonas rurales fuera de las aldeas, la mayoría de ellos san) podían gozar de derechos de caza especiales si reunían los criterios necesarios para recibir una Licencia Especial de Caza (SGL); estos eran, por ejemplo, el uso de armas tradicionales para la caza y la abstención del uso de ayudas no tradicionales (como ser perros, caballos, automóviles, etc.). Las SGL, que fueron introducidas en 1979, eran gratuitas y podían ser utilizadas durante todo el año; también incluían una lista, así como la cantidad, de distintos animales permitidos para la caza. Para muchos de los habitantes de las zonas remotas, las SGL eran fundamentales para la supervivencia, ya que les permitían obtener alimentos e ingresos, aun cuando las cantidades y especies listadas fueran insuficientes para satisfacer sus necesidades de subsistencia. Las críticas más convincentes a las SGL fueron las del personal del Departamento de Vida Silvestre y Parques Nacionales, investigadores ecologistas y los cazadores de los safari, que expresaron preocupación por los abusos y la caza excesiva que –argumentaban- estaba minando la vida silvestre de Botswana. En los últimos años hubo una serie de incidentes graves relacionados con las SGL: algunos san fueron arrestados, multados y privados de sus bienes (caballos, burros, armas, frenos, monturas), en algunos casos porque sus licencias estaban vencidas y en otros porque supuestamente habían estado cazando más allá de los límites permitidos. En muchos casos, el motivo real era simplemente el de acosar a los san y varios incidentes que llegaron a la justicia se resolvieron con sentencias a favor de ellos, aunque sin compensación por las violaciones a los derechos humanos y las pérdidas materiales que habían sufrido. El gobierno de Botswana ha dejado de emitir Licencias Especiales de Caza a individuos y la única forma que tienen los san de cazar legalmente es solicitando una licencia para ciudadanos a través de los canales del gobierno, o, alternativamente, si viven en una Zona de Administración de Animales Salvajes y su comunidad ha establecido un consorcio reconocido por el gobierno cuyos miembros hayan optado por asignar parte de su cuota autorizada de animales salvajes para la caza de subsistencia (ver la sección sobre administración de recursos naturales).
Administración de recursos naturales
En 1986, el gobierno de Botswana inició un programa de Administración Comunitaria de los Recursos Naturales (CBNRM) que apuntaba a descentralizar la administración de los recursos naturales hacia las comunidades locales. La idea era que las comunidades y grupos de comunidades tendrían derecho a administrar una parcela de tierra usualmente mayor a las 100.000 hectáreas si creaban consejos comunitarios (consorcios) regidos por una constitución. El programa no implica la transferencia de derechos de propiedad, pero las comunidades tienen el derecho a administrar y beneficiarse de los recursos provenientes de la vida silvestre en sus áreas. Los ingresos pueden provenir del ecoturismo, la ganadería, la venta de sus cuotas de caza a empresas de safari, etc. En algunos casos, las comunidades han elegido mantener parte o toda su cuota autorizada de caza para su propia subsistencia. Se han creado más de 80 consejos comunitarios distintos en todo Botswana y la mayoría son comunidades predominantemente san. Esto no implica necesariamente que los san participan en pie de igualdad en las decisiones relacionadas con la administración y operación del fideicomiso; muchas veces son excluidos socialmente debido a la discriminación por parte de otros grupos étnicos dentro de la comunidad, por las dificultades que tienen con el idioma (no hablan setswana ni inglés), la falta de capacidades, etc. Otro problema es la distribución de los beneficios, donde también hay una cierta inequidad hacia los san. A nivel más general, hay grandes diferencias entre las comunidades en relación a los ingresos que se generan, ya que algunas están dotadas de un medioambiente y recursos naturales que son más atractivos para el turismo y los operadores de safaris que otras. Algunos de los consorcios comunitarios más exitosos han tenido ganancias muy importantes. En 2001, el gobierno de Botswana dictaminó que los consorcios comunitarios no tendrían el derecho a controlar los fondos generados por las actividades provenientes de la CBNRM. En algunos casos, el gobierno clausuró las operaciones de los consorcios comunitarios y sigue habiendo incertidumbre respecto a lo que ocurrirá con ellos en el futuro. La política de reasentamiento: el fracaso de un programa de desarrollo
Desde la década del setenta –y junto con el aumento en los desalojos de las tierras- el gobierno de Botswana implementó una política para concentrar a los san en asentamientos establecidos por el gobierno. El Programa de Desarrollo para los Bosquimanes, que después pasó a llamarse Programa de Desarrollo para las Zonas Remotas (RADP), fue introducido en 1974 para atenuar el impacto de la Política para las Tierras de Pastura Tribales. Pero el objetivo de la RADP también ha sido el de integrar a los san a la sociedad dominante, alentándolos a dejar de lado sus costumbres ‘primitivas’ y establecerse en asentamientos permanentes donde pueden tener su ganado y acceso a servicios sociales. En el transcurso de los años, se han establecido unos 65 asentamientos con una población total de más de 20.000 habitantes. En estos asentamientos, el gobierno brinda servicios como escuelas, clínicas y agua, así como tierra para la producción de subsistencia. Si bien estos servicios han sido beneficiosos, las consecuencias del desalojo de la tierra y el posterior reasentamiento en estos establecimientos ha tenido distintos impactos sobre el modo de vida tradicional de los san e incluso ha amenazado su supervivencia cultural como pueblo específico. El reasentamiento ha significado la pérdida de acceso a las tumbas de los ancestros y a sitios de importancia religiosa y ritual; los san que antes vivían en pequeños y cercanos grupos familiares ahora se ven amontonados en un área confinada junto con grupos san que hablan otras lenguas. En algunos casos, han separado a familias, ubicando a los miembros en distintos asentamientos (por ejemplo, en Kaudwane y New !Xade). La vida sedentaria también los ha puesto en contacto cercano con los grupos étnicos dominantes. Siguiendo la política nacional de igual trato a todos los ciudadanos, los asentamientos están abiertos a todos los que quieran vivir en ellos y en muchos han llegado ganaderos que no son san para aprovechar el acceso gratuito al agua y la mano de obra barata para su ganado, con lo cual las áreas comunales han sido pastoreadas en exceso. Los individuos que no son san también son los propietarios de la mayoría de las tiendas locales, incluyendo los “shabeens” (bares), y en muchas ocasiones también se apropian de las posiciones de liderazgo en los asentamientos. El reasentamiento también ha implicado la pérdida de las ventajas anteriores de conocer de cerca la zona en que habitan y sus recursos y, por lo tanto, los ha obligado a abandonar las costumbres antiguas. En cambio, ahora dependen de los cultivos y animales domésticos que ellos mismos puedan cosechar y criar. Pero la población en la mayoría de los asentamientos está excediendo rápidamente la capacidad de la tierra; los animales de caza y los alimentos provenientes de los chaparrales cercanos están disminuyendo; y la tierra de pastura se está deteriorando. En los asentamientos hay pocas posibilidades de empleo y, hasta el momento, los proyectos de desarrollo implementados por el gobierno de Botswana y las ONG no han tenido un impacto sostenido. Si bien muchos hogares complementan su ingreso con actividades forrajeras, trabajo estacional en las ciudades, o la venta de artesanías, carne, paja y leña, la mayoría se ha vuelto muy dependiente de los diversos programas sociales implementados por el gobierno, como por ejemplo los bienes que se reparten a los extremadamente pobres, las pensiones para jubilados, la ayuda para las sequías, programas que intercambian alimentos por trabajo, y programas de desarrollo rural basados en el trabajo. Esto ha traído dependencia y un aumento en el clientelismo. Como consecuencia de esto, la tendencia ha sido que cada vez más personas abandonan los asentamientos y se mudan a las afueras de ciudades como Ghanzi, Serowe y Maun, donde intentan conseguir trabajos de servidumbre, aun cuando esto implique la pérdida de los beneficios sociales que les corresponden a los habitantes de los asentamientos. Muchos de los habitantes de la Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central que fueron reasentados han vuelto a la reserva, aun sabiendo que no tienen servicios, incluyendo agua, y que está el riesgo de que los desalojen nuevamente. Esta disrupción cultural, económica y social ha acarreado una angustia social que se refleja en las altas tasas de alcoholismo y la violencia relacionada con ésto, entre las cuales están las agresiones domésticas a las mujeres. Hay agresiones y peleas frecuentes, especialmente en los nuevos asentamientos grandes establecidos para quienes fueron desalojados de la Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central (New !Xade, Kaudwane y /Xeri). La mayor exposición a la sociedad dominante y los abusos sexuales por parte de extraños han hecho que las enfermedades de transmisión sexual, en especial el VIH/SIDA, se conviertan en un problema serio en muchos asentamientos y barriadas de las ciudades.
Cuestiones de género
El rol de las mujeres san en el contexto tradicional se caracterizaba por un alto nivel de autonomía y de relaciones de igualdad entre los géneros. Al menos en teoría, las mujeres estaban en un pie de igualdad con los hombres, participaban de las discusiones públicas, controlaban la tierra y otros recursos, y tenían derechos sobre los bienes que producían. El desplazamiento a los asentamientos ha acarreado en muchos casos un deterioro importante en el estatus económico de las mujeres, debido a que ya no tienen acceso a los recursos de subsistencia e ingresos anteriores, y también han sido víctimas de la discriminación de género practicada por las autoridades. Por ejemplo, el gobierno de Botswana pasó por alto a las mujeres de la Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central cuando otorgó ganado como compensación solamente a los jefes de hogar masculinos, y también han tenido dificultades para obtener certificados para parcelas residenciales y cultivables. En ambos casos, los funcionarios de gobierno dictaminaron que los hombres eran los jefes de hogar y, por lo tanto, los dueños de ganado y quienes lo manejaban. La vida sedentaria también ha minado las relaciones de género previamente igualitarias de otras maneras. Al modificarse la forma de subsistencia y comenzar a dedicarse a la ganadería y el cultivo, los roles de género han comenzado a definirse más rígidamente y se considera que el trabajo de las mujeres no es “digno” para los hombres. Las mujeres y niñas parecen habitar espacios más reducidos, y los hogares son más centrales en las comunidades arraigadas que en los chaparrales. El trabajo de las mujeres adultas se está volviendo más especializado, demanda más tiempo y las confina al hogar, y las mujeres están dispuestas a integrar a sus hijas a estas tareas. Mientras que las mujeres tienden a quedarse en las aldeas, los hombres son más móviles y su trabajo muchas veces los aleja de éstas; interactúan mucho más con miembros de los grupos culturales dominantes y, por lo tanto, aprenden a hablar setswana e inclusive inglés, lo cual les permite interactuar con los turistas. De esta manera, los hombres consiguen los trabajos más rentables en los proyectos turísticos de la CBNRM. Cuando las mujeres consiguen trabajo en estos proyectos, suelen ser trabajos de limpieza, como empleadas domésticas, etc.; un trabajo que no es tan bien pago como el de los hombres. Sin embargo, las mujeres siguen teniendo un rol central en la producción de artesanías, que es una fuente importante de ingresos. Pero las regulaciones del gobierno para la caza y la recolección de cáscara de huevos de avestruz han traído preocupación, porque limitan el acceso a materiales importantes como cueros, huesos y cáscaras. Uno de los elementos importantes de estos cambios en los roles de género ha sido la disminución de la autonomía e influencia de las mujeres en relación a los hombres. Les es difícil participar en las reuniones de aldeanos (kgotla) o tener un rol activo en los Comités de Desarrollo de las Aldeas y otras instituciones locales, que tienden a estar dominadas por individuos que no son san. Por lo tanto, suelen estar más aisladas y esto afecta su autoestima, ya que su capacidad de influenciar la toma de decisiones a nivel comunitario y familiar se ve disminuida. Los asuntos políticos se han vuelto una preocupación masculina y no femenina. También se han comenzado a establecer jerarquías en términos de prestigio y riqueza en las aldeas. En el contexto tradicional, los san evitaban el comportamiento autoritario y no toleraban demasiado la agresividad. Hoy en día, las mujeres indígenas están sufriendo un aumento en la violencia doméstica y los abusos sexuales. El alcohol contribuye al abuso conyugal y de menores, y la violencia proveniente del abuso del alcohol ha tenido como consecuencia una gran cantidad de heridas a mujeres, niños y hombres, convirtiéndose en una causa importante de conflicto social. Las mujeres san en los asentamientos muchas veces son víctimas de abusos sexuales cometidos por individuos que no son san que visitan la comunidad, y también ha habido casos de violaciones, abusos y acoso a jóvenes muchachas san que viven en internados en las zonas remotas; los agresores a veces son los maestros o administradores de las escuelas. La tasa de deserción escolar de las niñas es alta, en parte debido a los embarazos adolescentes y al temor de permanecer en una situación que es vista como abusiva. En la medida en que la situación de las mujeres san ha ido cambiando y se han enfrentado a nuevos desafíos, sus percepciones también han ido cambiando; están descubriendo formas alternativas de hacer las cosas y comenzando a aprender de las experiencias de otras mujeres. Hoy en día, están emergiendo grupos de mujeres indígenas, principalmente en relación a proyectos de generación de ingresos, y algunas de las agencias bilaterales que trabajan en Botswana han desarrollado políticas que apuntan a promover una mayor equidad social. En los últimos años, algunas mujeres san han asistido a reuniones internacionales patrocinadas por distintas organizaciones, incluyendo las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas, y también han participado en conferencias a nivel regional. Esto les ha dado la oportunidad de conocer a otras mujeres indígenas, incluyendo a mujeres san de Namibia y Sudáfrica, y compartir experiencias, aumentando su propia percepción de los problemas que enfrentan en tanto mujeres y en tanto indígenas, y el tipo de acciones que pueden realizar para mejorar su situación. Salud
En las últimas décadas, la transición de una vida nómada basada en el forraje a una vida sedentaria basada en el cultivo y la cría de ganado ha tenido impactos tanto positivos como negativos en la salud de las personas. La tasa de crecimiento de la población ha aumentado al punto que algunos de los grupos ju|’hoan están creciendo al 2,5% anual (lo cual podría hacer que la población se duplique en 28 años). Los ju|’hoansi son más altos y corpulentos de lo que solían ser; también tienen una vida más larga debido a que su dieta tiene más calorías, la menor exigencia física de la vida sedentaria y la disponibilidad de cobertura de salud de tipo occidental. Por otra parte, las dietas actuales tienen más carbohidratos y azúcares refinadas, y hay señales de que la diabetes adulta está aumentando, algo que también ocurre en otras poblaciones indígenas. Puede que los san y los nama estén sufriendo de más “enfermedades del desarrollo”, como cáncer y problemas cardíacos, pero esta situación también es la contrapartida de que ahora tienen vidas más largas y mayor acceso a servicios de salud. Se han establecido clínicas y puestos de salud en las regiones remotas donde habitan la mayor parte de los san y los nama, y hay servicios de salud móviles que brindan asistencia, inmunizaciones y medicina a los habitantes locales. También hay una mayor disponibilidad de servicios de planificación familiar e información que anteriormente. Sin embargo, los pueblos indígenas de Botswana, al igual que en otras regiones del sur de África, se enfrentan a dos problemas de salud importantes que también afectan a la población general: la malaria y el VIH/SIDA. La malaria es endémica y, dependiendo de las lluvias, arrasa con epidemias en la zona del Kalahari. En algunos casos, aldeas enteras se contagian de malaria, a tal punto que los habitantes tienen dificultades para juntar alimentos suficientes, o realizar el trabajo agrícola o doméstico. A veces causa hambrunas y provoca la muerte, especialmente en los niños. Como consecuencia de la epidemia de VIH/SIDA, la expectativa de vida al nacer en Botswana ha caído de los 65 años en 1990 a los 36 en 2000-2005, una cifra que es unos 28 años menor de lo que hubiera sido sin el SIDA. Si bien la tasa de VIH/SIDA parece ser más baja para los san que para la población general, la tasa de infección está aumentando y parece ser que las mujeres san en las comunidades de Botswana se están infectando más rápidamente que los hombres. Junto con la expansión del SIDA ha habido un aumento en los casos de tuberculosis y otras enfermedades respiratorias. Botswana tiene un programa amplio de cuidado y tratamiento para el VIH/SIDA y fue el primer país africano en brindar la terapia antiretroviral para todos los ciudadanos carenciados. Pero en muchos casos estas drogas son difíciles de conseguir para los san que viven en las zonas remotas, y tienen servicios médicos relativamente pequeños y una cantidad limitada de médicos. Educación
Botswana tiene uno de los sistemas de educación formal más exitosos de África, con una educación básica universal de hasta diez años, y ha invertido una gran cantidad de recursos en brindar oportunidades a los niños RAD –la mayoría de los cuales son san- para que asistan a las escuelas estatales al menos hasta cuarto grado, y para que se incorporen al sistema de educación formal. Desde la perspectiva del gobierno, se está trabajando mucho para brindar las mismas oportunidades a los niños san que tiene el resto de la población. Sin embargo, los hechos muestran que los niños san no gozan de los mismos beneficios que los niños de los grupos más dominantes. Los estudiantes san tienen una tasa de escolaridad menor y abandonan con mucha más frecuencia que los estudiantes de otros grupos étnicos. Uno de los obstáculos más importantes para los estudiantes san (y otras minorías lingüísticas) es la política de idiomas del gobierno. Una parte importante de la estrategia de construcción de la nación de Botswana a partir de la independencia se basó en la promoción del setswana como idioma principal de sus ciudadanos. Por lo tanto, la educación primaria en lengua materna no está contemplada para los niños que hablan alguno de los idiomas minoritarios y que deben iniciar la escuela primaria en un idioma extranjero (setswana) para luego cambiar a otro (inglés) antes de siquiera haber perfeccionado el primero. Otro obstáculo es que las escuelas estatales y los internados –conocidos como internados para habitantes de zonas remotas- tienden a ser lugares poco amistosos para los estudiantes san. La idea de separar a los padres de sus hijos es ajena a la cultura san, y el dolor y la alienación que los estudiantes san sienten en los internados puede ser muy agudo; muchos de los que abandonan dicen que lo hacen porque extrañan sus hogares y familias. La tasa de abandono de las niñas es alta, principalmente debido a su vulnerabilidad: a menudo sufren violaciones, abusos y acoso, a veces por parte de los maestros y administradores de escuelas. Otro problema es que muchas de las escuelas de las zonas remotas tienen una cantidad desproporcionada de maestros no calificados y que abandonan sus trabajos; por otra parte, también hay escasez de aulas, maestros y material de biblioteca. Por lo tanto, la cantidad de san que completan su educación sigue siendo baja y sólo unos pocos llegan a las universidades u otras instituciones de educación superior. Marginación política
Una de las suposiciones predominantes ha sido que las comunidades san no tienen líderes formales. Esta idea se sostenía en el hecho de que no tienen instituciones políticas organizadas y no reconocen a un jefe supremo. Sin embargo, en casi todas las comunidades tradicionalmente ha habido personas que eran respetadas y cuyas sugerencias se seguían con frecuencia. Estos líderes tenían una voz importante en los temas civiles, en las tomas de decisiones sobre el uso de los recursos locales, y representaban a la comunidad en las discusiones con extranjeros. Pero las políticas públicas siempre se basaron en consultas extensas y discusiones entre los miembros del grupo, con la participación de todos los adultos e, inclusive, a veces, la de niños. La toma de decisiones generalmente se realizaba en base al consenso. Hoy en día, las comunidades san ya llevan varios años participando en la elección de dirigentes de los asentamientos. Algunos de ellos han sido reconocidos oficialmente por las Administraciones Tribales de los Distritos (deben poder leer y escribir), y entre ellos hay mujeres. Los san también han participado en las campañas de partidos nacionales y algunos han sido electos como concejales de los distritos. En 2000, la Cámara de Jefes dio la bienvenida al primer san –y a su primer miembro femenino-, la Jefa Rebecca Banika, una jefa menor de Choba que había tenido poco contacto previo con otros grupos san. Sin embargo, el hecho de tener representantes no siempre ha traído los cambios que los san esperaban. Pocos dirigentes y concejales han podido afirmarse y en general se ven obligados a seguir las directivas o abandonar sus cargos. La marginación política de los san puede verse como el resultado de una serie de factores: las altas tasas de analfabetismo; la falta de información y comprensión de la política nacional; su situación socioeconómica débil, que hace que sea fácil para los políticos que no son san comprar sus votos con comida y otros bienes económicos a los cuales los san no acceden; y la falta de un movimiento san fuerte y coherente.
Hechos recientes Esta sección describe brevemente los hechos recientes que son de importancia para los pueblos indígenas de Botswana:
La Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central (CKGR)
Ha habido un debate importante sobre los derechos san en la CKGR, una de las reservas más grande de África. La CKGR fue establecida originalmente en 1961 y uno de sus propósitos era proteger a los san que vivían dentro de la misma. En 1986, el gobierno de Botswana decidió que los habitantes de la Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central debían ser reubicados afuera de la reserva para que pudieran recibir una asistencia de desarrollo más efectiva. En ese momento, los habitantes de la CKGR –que, además de los san g/ui, g//ana, tsilla y kua también incluían a los bakgalagadi- sumaban unos 2.500-3.000. Sin embargo, esta política recién comenzó a implementarse seriamente a partir de 1996, cuando los habitantes de !Xade, el asentamiento más grande, fueron transportados a las aldeas de New !Xade, al oeste de la CKGR y a Kadwane, en el sur. En los años siguientes, los habitantes que quedaban fueron alentados / amenazados para que abandonaran la reserva y, hacia fines de 2001, sólo quedaban unas 700 personas. A fines de 2001, el gobierno anunció que pondría fin a la provisión de servicios básicos (agua, raciones alimenticias, pensiones de jubilación, asistencia de salud móvil, etc.). En enero y febrero de 2002, después de dar vuelta los tanques de agua y sellar los pozos de agua potable en la reserva, los habitantes fueron obligados a subirse a camiones del gobierno con sus chozas deshechas y animales, y fueron llevados a las aldeas de reasentamiento. Inmediatamente después, la organización san First People of the Kalahari (FPK) inició un juicio en representación de los habitantes de la CKGR. FPK había estado trabajando desde 1996 con el apoyo de ONG locales e IWGIA para movilizar a los habitantes de la reserva e intentar que el gobierno negociara una solución amistosa que permitiera que los habitantes permanecieran dentro de la reserva. A la vez que el gobierno se negaba repetidamente a negociar, FPK comenzó a preparar una posible demanda judicial en defensa de los derechos territoriales de los habitantes, que incluía un registro de habitantes y el mapeo de su uso tradicional de la tierra. La demanda fue iniciada en abril de 2002 y se esperaba que fuera resuelta en el transcurso de un año. Se centraba en reestablecer los servicios esenciales para la gente en el territorio donde habían estado viviendo y que habían utilizado desde tiempos inmemoriales, argumentando que tenían derecho a gozar de estos servicios en su territorio natal. El juicio fue financiado por la Coalición de Apoyo a la Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central, que está formada por varias ONG locales, incluyendo DITSHWANELO (Centro para los Derechos Humanos de Botswana) y una serie de ONG de derechos humanos internacionales, entre ellas, IWGIA. La postura del gobierno es que el hecho de que haya gente viviendo en la reserva es incompatible con la conservación de la vida silvestre y el turismo; también es incompatible con el objetivo declarado de “desarrollar a los basarwa” y mejorar los niveles de vida. También se ha dicho que el gobierno planeaba explotar minas de diamante dentro de la reserva. De hecho, la ONG londinense Survival International basó toda su campaña contra el reasentamiento en el rol de las minas de diamante. Hasta el momento, sólo se han encontrado diamantes en un lugar de la reserva, Gope, pero el depósito no es viable en términos comerciales. Por otra parte, el gobierno niega cualquier relación del caso con los diamantes y éstos tampoco han sido un tema en el caso judicial. El juicio inmediatamente se topó con problemas. Primero, la presentación fue rechazada por tecnicismos, luego fue aceptada por la Cámara de Apelaciones y finalmente llegó a la Corte Suprema en julio de 2004. Desde ese entonces, el proceso se ha dilatado más todavía debido a los contrainterrogatorios de los testigos san, varios recesos, falta de fondos y cambio de abogados. Survival International se ha hecho cargo de los gastos de la defensa legal en los últimos dos años. El resultado es aún incierto; el juicio ya se ha convertido en el más largo y más costoso de su tipo en la historia de Botswana. Las declaraciones recientes de ambas partes indican que podría haber un arreglo extrajudicial. En los últimos meses, el tema de la Reserva de Animales de Caza de Kalahari Central tomó un giro desagradable. El 12 de septiembre de 2005, el mismo día en que se inició el receso del juicio hasta el 6 de febrero de 2006, la policía armada y funcionarios del gobierno ingresaron a la reserva y le dijeron a los habitantes que se tenían que ir. Esto llevó a confrontaciones serias, donde decenas de personas fueron subidas a camiones y obligadas a abandonar la reserva contra su voluntad. Luego, funcionarios del gobierno supuestamente dispararon con balas de goma y usaron gas lacrimógeno contra 28 san; varias personas resultaron heridas y los integrantes del grupo fueron arrestados, detenidos y luego acusados de realizar reuniones ilegales. Proyecto de enmienda constitucional (2004-5)
El Gobierno de Botswana (GOB) recientemente presentó el Proyecto de Enmienda Constitucional 34 (2004-5), que apunta a que la Constitución sea “neutral en relación a las tribus”. Las secciones 77, 78 y 79 de la Constitución fueron criticadas por ser discriminatorias, ya que garantizan membresía automática de la Cámara de Jefes a los ocho jefes máximos que hablan setswana, mientras que los grupos minoritarios, incluyendo a los san, están representados por sólo tres miembros que son vistos como subjefes y son electos a la asamblea en forma rotativa por períodos de cuatro años. El proyecto de ley recibió fuertes críticas de las tribus minoritarias y organizaciones de la sociedad civil. El argumento es que la nueva enmienda constitucional no elimina los privilegios de las ocho tribus principales, cuyos jefes seguirán siendo miembros natos de la Cámara. La cantidad de representantes de las tribus menores (que además de los san incluyen a los bakgalagadi, kalanga, baYeei, mubukushu, bapedi y herero) aumentará a 20, pero estas personas deberán ser elegidas por colegios electorales de los distritos, que estarán presididos por un funcionario nombrado por el Ministro de Gobierno Local. Existe la preocupación de que los líderes tradicionales de los san podrían no acceder a la Cámara de Jefes a través de las elecciones. La situación es aún más difícil para los san, que no tienen el mismo tipo de rol institucionalizado de jefe o “cacique” que tienen las otras tribus menores. También se critica el Proyecto de enmienda constitucional por eliminar la subsección 3 (c) de la Sección 14, que permite “imponer restricciones al ingreso o residencia dentro de ciertas áreas definidas de Botswana a personas que no son bosquimanes siempre y cuando estas restricciones sean razonablemente necesarias para la protección o el bienestar de los bosquimanes”. La Reserva de Animales de Caza de Kalahari era una de estas áreas y, si bien el presidente anunció que las enmiendas apuntaban a hacer que la constitución fuera “neutral en relación a las tribus”, los detractores han notado que la enmienda fue presentada justo cuando los representantes san iniciaron un juicio al gobierno de Botswana por “obligarlos” a abandonar la reserva, que es su hogar ancestral. Por lo tanto, los san y los bakgalagadi que tradicionalmente vivían en Kalahari Central no tendrán derecho a residir en ningún lugar de Botswana y su libertad de movimiento no estará protegida. |
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 Foto: Christian Erni
 Foto: Christian Erni
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