Mark Nuttall, Kathrin Wessendorf y Alejando Parellada
Los pueblos indígenas están cada vez más preocupados por el interés de las industrias hidrocarburíferas y los gobiernos nacionales, debido a la riqueza de recursos naturales y su creciente importancia en términos de satisfacer las demandas globales de energía.
La explotación petrolera, así como otras actividades de extracción intensiva han puesto en peligro la sobrevivencia de muchos pueblos indígenas.
La presión para negociar con las industrias y gobiernos está creciendo y muchos pueblos indígenas sienten que están perdiendo el control de sus territorios y de sus medios de subsistencia.
Las actividades de explotación de petróleo y gas son críticamente importantes para los pueblos indígenas. Es una de las principales causas de la deforestación y pérdida de biodiversidad. Provoca contaminación de aguas superficiales y subterráneas, la alteración de los ciclos de agua y la contaminación de la atmósfera a escala local y global. Al mismo tiempo genera cambios importantes en las formas de producción, pautas familiares para los residentes locales, el trabajo migrante, la fragmentación del hábitat, y un creciente acceso a regiones remotas por no residentes y la apropiación del territorios indígenas.
En está edición de Asuntos Indígenas presentamos una serie de artículos sobre los efectos de la actividad hidrocarburífera, poniendo especial énfasis en la región del Ártico.
Para la industria de petróleo y gas, las regiones árticas y subárticas son consideradas como una de las últimas fronteras energéticas del mundo. Se estima que el veinticinco por ciento de las reservas de petroleo no explotadas del mundo se encuentran en el Norte Circumpolar. Los cambios en los mercados energéticos mundiales y la tecnología han conducido a una importante y rápida expansión de la exploración y explotación de petróleo y gas en varias regiones del Ártico y Subártico durante los pasados treinta años. La principal actividad petrolera hasta la fecha es en tierra a lo largo de la Vertiente Norte de Alaska y en Siberia Occidental, y fuera de la costa en los mares de Barents y Beaufort. Sin embargo, la Vertiente Norte de Alaska, el Delta del Mackenzie de Canadá, la Península Yamal de Rusia y sus áreas adyacentes fuera de la costa contienen enormes depósitos de gas natural y su explotación está planificada para la próxima década. Además, la exploración de petróleo continúa en el occidente de Groenlandia.
Es probable que las actuales explotaciones y más exploraciones continúen en todo el Ártico ya que el cambio climático contribuye a reducciones del hielo marítimo, abriendo nuevas rutas marinas y fluviales y reduciendo los costos de exploración, explotación y transporte. Los cambios globales en las políticas, la estructura corporativa, los temas de soberanía y seguridad, las demandas de recursos y las necesidades energéticas tienen una fuerte influencia sobre las pautas y ritmos de extracción de recursos en altas latitudes. Por ejemplo, gran parte del desarrollo petrolero y de gas proyectado en el norte de Alaska y norte de Canadá será realizado para satisfacer las demandas del mercado en los EE.UU., pero también es impulsado por preocupaciones domésticas de seguridad. Como muestran también las inversiones chinas y sur-coreanas en la explosiva industria de petróleo arenero en Alberta, muchos otros países están mirando al norte de Canadá para sus necesidades energéticas. Los países europeos son cada vez más dependientes de los recursos energéticos rusos, y esto influye las estrategias políticas y económicas y las relaciones internacionales entre los estados. Es más, las compañías rusas esperan cubrir entre el 10-15% del consumo de petróleo crudo de los EE.UU. hacia el año 2010.
Como el desarrollo petrolero y militar en el Ártico se expandió en la última mitad del siglo XX, la infraestructura de transporte (caminos, oleoductos, pistas de aterrizaje, puertos) contribuyó en forma significativa a la alteración de la superficie y la fragmentación del hábitat. Entre 1900 y 1950, menos del 5% del Ártico estaba afectado por el desarrollo infraestructural. Hacia 2050, se proyecta que el 50-80% del Ártico habrá sido alterado.
En todo el Ártico, las prácticas tradicionales de uso de recursos como la caza, el pastoreo, la pesca y la recolección siguen siendo crucialmente importantes para las economías y culturas locales de los pueblos indígenas. Un significante cambio climático es cada vez más evidente, así como también el impacto destructivo de la industria. En Rusia, por ejemplo, las industrias de petróleo y gas son las mayores fuentes de polución, afectando las pasturas de los renos y los medio ambientes marinos y de aguas dulces.
Las actividades terrestres de petróleo y gas, como la construcción de oleoductos y gasoductos y la actual producción de petróleo y gas, también impiden el acceso a áreas tradicionales de caza y pastoreo, alterando las actividades y prácticas tradicionales comunitarias.
Los oleoductos, gasoductos y construcciones crean obstáculos para el libre movimiento de las manadas de renos e impactan sobre las prácticas tradicionales de subsistencia.
El desarrollo petrolero y de gas del norte puede también influenciar a los mamíferos marinos. El ruido de la exploración petrolera marítima en el Mar de Beaufort, altera a las ballenas de Groenlandia y podría desviarlas de las rutas de migración, haciéndolas menos accesibles para los cazadores. Las ballenas migrantes en el otoño, por ejemplo, se mantienen a 20 kms. de los barcos sísmicos. Los derrames de petróleo del transporte marino de las plataformas petroleras fuera de la costa tienen el potencial de amplio daño ecológico, particularmente en las aguas árticas cubiertas de hielo. Los derrames de los oleoductos en las cuencas petroleras de la zona templada en las cabeceras de ríos árticos como el Ob, Pechora y Mackenzie, podrían también contaminar las aguas árticas.
El trabajo migrante es una de las características más distintivas del desarrollo petrolero y de gas. Comúnmente, las áreas afectadas por el trabajo migrante no han tenido una fuente de mano de obra indígena, así que ha sido necesaria la inmigración temporaria y permanente. En algunos casos, las comunidades triplican su tamaño debido a inmigrantes, principalmente masculinos, de las áreas sureñas. El intenso aflujo de trabajadores es visible durante muchos años después de que la exploración o construcción han terminado y puede crear cambios sociales, políticos y económicos a largo plazo en las comunidades locales.
El objetivo de esta edición de Asuntos Indígenas se intenta brindar una visión de las situaciones que viven los pueblos indígenas confrontados con el desarrollo de petróleo y gas. Los artículos aquí reunidos destacan algunas perspectivas y preocupaciones indígenas
sobre tal desarrollo.
En América Latina, la historia de las petroleras está relacionada a serios daños sociales y medioambientales. Y en todo el continente también se dan casos de resistencia de las comunidades como se sintetiza en el artículo de Esperanza Martínez, de la ONG Oilwatch.
Ésta organización internacional, fundada en 1996, promueve el intercambio de información sobre las operaciones de las compañías petroleras en cada país afectado y campanas internacionales contra compañías específicas.
En Bolivia, el 55% de la superficie del territorio son áreas potencialmente hidrocarburíferas y de éstas sólo el 14% está en explotación. Después de Venezuela, Bolivia es el segundo país gasífero del continente.
Durante muchos años, las empresas petroleras en Bolivia han operado con costos de exploración y explotación que se encuentran entre los más bajos del mundo.
El primero de mayo de 2006 el gobierno de Evo Morales decretó la “nacionalización” petrolera que, como indica el artículo de esta publicación, tiene un alcance limitado, donde “no se confisca ni expropia y menos aún repone el derecho a voto por parte de los indígenas”. De todos modos, se estima que la nueva política petrolera en Bolivia va a generar un enorme incremento en la recaudación pública. Quedará por ver en que medida estos fondos beneficiarán a los sectores más necesitados de la sociedad boliviana.
Uno de los principales instrumentos que pueden ser utilizados por las organizaciones indígenas en los crecientes conflictos con las compañías petroleras, es el Convenio 169 de la OIT, ratificado por la mayoría de los países de América Latina.
En su artículo 15 establece la obligación del Estado a la consulta previa. Por otra parte, el Convenio 169 plantea que se deben considerar indemnizaciones equitativas por cualquier daño que pudiera resultar de las actividades petroleras en tierras indígenas y por el uso de recursos de estas poblaciones.
En el Río Corrientes de Perú, los 35 años de explotación petrolera, han ocasionado una fuerte contaminación de las aguas, ocasionando serios daños en la salud de los indígenas achuar que habitan la zona. Ante la falta de atención de las autoridades nacionales, los indígenas decidieron paralizar pacíficamente la actividad de los 180 pozos que allí operan. El gobierno peruano rápidamente acusó a las ONG de manipular la voluntad de los indígenas, una acción que se enmarca en un proyecto de ley que pretende controlar a las instituciones de defensa de los derechos humanos. De cualquier manera, los indígenas lograron acuerdos con la compañía petrolera por la cual ésta se compromete a cumplir con el control de impacto ambiental y un programa de salud y desarrollo a favor de las comunidades indígenas.
Pasando al Ártico, Mark Nuttal destaca aspectos del actual debate sobre el desarrollo petrolero potencial en el Refugio Nacional Ártico de la Fauna en Alaska, mostrando cómo los intereses de los nativos de Alaska están divididos sobre el tema. Por un lado, las comunidades nativas de Alaska tienen oportunidades de captar algunos de los beneficios económicos del desarrollo industrial, tanto a través del empleo como de las inversiones corporativas, beneficios en forma de mejoras de la infraestructura pública, servicios educativos y cuidado de la salud. Sin embargo, por otro lado, el desarrollo petrolero trae la amenaza muy real de daño irreversible al medio ambiente y la fauna, convirtiéndolo en un tema de supervivencia cultural para algunas comunidades indígenas.
En el caso del norte subártico de Alberta, Canadá, Clint Westman examina los impactos del desarrollo de las arenas petrolíferas sobre los indígenas, y la política medioambiental para evaluar estos impactos. Argumentando que la industria de evaluación del impacto social en torno a las arenas petrolíferas trabaja para ayudar aún más el desarrollo de este recurso en detrimento de los derechos aborígenes, Westman señala la urgente necesidad de posicionar a la evaluación de impacto social como una herramienta de política pública para defender los derechos aborígenes a la tierra.
El Norte Ruso ha experimentado algunos de los efectos más extendidos de la explotación de petróleo y gas en todo el Ártico. En el primero de tres artículos que examinan la situación para los pueblos indígenas del norte de Rusia y Siberia, Florian Stammler y Bruce Forbes describen la creciente importancia de Rusia como un importante proveedor de petróleo y gas a Europa, este de Asia e incluso América del Norte.
Gail Fondhahl y Anna Sirina investigan algunas de las controversias en torno al Oleoducto Siberia Oriental-Océano Pacífico, un importante nuevo proyecto que se extiende más de 5.000 Km. a través de Siberia Oriental y las preocupaciones de los indígenas evenki con respecto desarrollo. Estas preocupaciones incluyen temas ambientales, así como la amenaza a las condiciones de vida causada por el aflujo de foráneos. Fondhal y Sirina también observan el aspecto legal de los derechos indígenas y subrayan la necesidad de responder a las demandas de los indígenas de participación en las etapas de planificación del proyecto.