Editorial
Jens Dahl
En 1989 se publicó un libro en noruego con el título: ¿Cuántos elefantes blancos? (1) Era una colección de ensayos centrados en la relación entre la cultura y el desarrollo. Abarcaba una crítica del enfoque occidental tradicional del desarrollo que está conectado íntimamente con factores que definen la desigualdad como una diferencia cuantitativa entre ellos y nosotros, entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo. Todos conocemos estos factores: el Ingreso Bruto Interno, el índice de expectativa de vida, el índice de mortalidad infantil, el nivel educativo, etc. Esos factores son indicadores importantes para el bienestar promedio en el seno de una población, pero también oculta las condiciones de los grupos desaventajados. Este es, frecuentemente, el caso de los pueblos indígenas quienes generalmente no son reconocidos como grupos sociales legítimos y para los cuales no existen estadísticas especiales. Los pueblos indígenas pertenecen a culturas que son diferentes a la de la mayoría de la población. Al desconocer este hecho, las medidas desarrollistas para mejorar las condiciones de vida en general pueden resultar ser destructivas para los pueblos indígenas.
El mensaje presentado en los artículos de esta publicación es, en suma, que debemos de observar al desarrollo desde adentro desde una perspectiva cultural. La lógica del desarrollo no es la misma para los wichí o toba de la Argentina que para los ganaderos del área; las condiciones de desarrollo para los twa de los bosques tropicales centroafricanos no son las mismas que para los bantúes que viven en la sabana. El olvido de esto es frecuentemente la razón de tantos “elefantes blancos” que han disturbado al continente latinoamericano, el asiático y el africano desde la invención de la ayuda para el desarrollo. ¿Son los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) otro “elefante blanco”? ¿Es solamente un nuevo producto de cerrajería que permitirá al mundo desarrollado continuar su dominación política y económica? ¿Son las ODM nada más que una cobertura para la hegemonía occidental como los “planes de ajuste estructural”, “enfoques sectoriales”, etc., para el desarrollo? Los pueblos indígenas han tenido frecuentemente malas experiencias con proyectos de desarrollo promovidos por los Estados y las agencias multinacionales y han expresado, a este respecto, sus preocupaciones sobre las ODM.
Los pueblos indígenas subrayan, entonces, que a menos que sus derechos como pueblos indígenas, incluyendo el derecho a la autodeterminación, sean reconocidos, las ODM pueden hacer más daño que bien a los pueblos indígenas. Los pueblos indígenas formulan esto frecuentemente en términos de “desarrollo desde un enfoque basado en los derechos”. Esta publicación brinda ejemplos de África y de los esfuerzos dentro del Sistema Interamericano de Derechos Humanos sobre qué implica un enfoque basado en los derechos.
La primera ODM es la erradicación de la pobreza extrema y el hambre. En la reunión del Foro Permanente para Cuestiones Indígenas en 2005 donde las ODM estaban en la agenda, los representantes indígenas expresaron sus preocupaciones sobre la definición de “pobreza” en las ODM. Muchas declaraciones de organizaciones indígenas subrayaron que la definición está restringida a la idea de la privación económica y no toma en cuenta la negación de los derechos sociales y culturales que son un componente fundamental de la pobreza para los pueblos indígenas. Como lo destaca Nigel Crawhall en este número, es un serio error vincular la reducción de la pobreza a la cuestión de ganar uno o dos dólares por día. Para los indígenas cazadores-recolectores y pastores, la economía no-monetaria es la aseguración contra el hambre y la pobreza extrema. Para los bosquimanos de la Reserva de la Fauna del Kalahari Central en Botswana podría ser difícil ver las ventajas del desarrollo si éste implica que ellos tienen que abandonar la Reserva de la Fauna con su abundancia de carne fresca, raíces y otros tipos de alimentos ricos en valores nutritivos a cambio de las condiciones miserables de los asentamientos de reubicación, sin alimento adecuado y sin trabajo.
En la Cuarta Sesión del Foro Permanente de la ONU para las Cuestiones Indígenas en 2005, la presidenta, Victoria Tauli-Corpuz dijo: “Cuando hablamos de pobreza extrema y hambre, para los pueblos indígenas es casi un sinónimo de hablar sobre la creciente enajenación de sus territorios y recursos y la disminución de su capacidad para continuar produciendo sus alimentos tradicionales y abocarse a sus medios tradicionales de subsistencia... Nosotros deberíamos poder usar el proceso de revisión de las ODM para observar más profundamente las causas estructurales y sistémicas de éstas y encararlas seriamente. Toda la cuestión de los derechos y el control sobre territorios y recursos puede constituir un tema central que debe ser tratado si estamos hablando sobre la pobreza extrema”. Si no estamos dispuestos a vincular la reducción de la pobreza con esas relaciones que son esenciales para el estilo de vida de los pueblos, el desarrollo podría crear pobreza. ¿Qué sentido tiene que el ingreso monetario promedio en Argentina haya aumentado si los cazadores-recolectores se convierten en habitantes indigentes de los barrios marginales porque han perdido sus tierras? Ser wichí o toba en Argentina o aymara en Bolivia o maasai en ֱfrica incluye relaciones que son fundamentales para estos pueblos, como derechos a tierras sin los cuales estos pastores pueden convertirse en víctimas de las estrategias que pretendieron mitigar la pobreza. La presidenta del Foro Permanente lo ha expresado de esta manera: “Como la situación de los pueblos indígenas y tribales no se ve reflejada frecuentemente en las estadísticas o está oculta por los promedios nacionales, existe la preocupación de que los esfuerzos para alcanzar las ODM podrían tener, en algunos casos, un impacto negativo sobre los pueblos indígenas y tribales, mientras que los indicadores nacionales mejoran aparentemente”. Y ella continuó: “(..) Los esfuerzos para cumplir con los objetivos establecidos por el alcance de las ODM podría de hecho tener efectos perjudiciales sobre los pueblos indígenas y tribales, como la aceleración de la pérdida de tierras y recursos naturales de los que han dependido tradicionalmente los medios de subsistencia de los pueblos indígenas o el desplazamiento de los pueblos indígenas de esas tierras”. (2)
La historia es la misma para todos los indígenas en América Latina o para aquellos de África que se identifican, cada vez más, a sí mismos como indígenas: pierden sus tierras a manos de compañías madereras, agricultores, parques nacionales, compañías mineras, etc. Los pueblos y comunidades indígenas consideran esto como un conflicto cultural o étnico entre ellos y los grupos que están en el poder. En contraste, los gobiernos y agentes del desarrollo consideran esto como un problema sectorial, entre el pastoralismo y la agricultura, entre la caza y la explotación maderera. La implicación de estos enfoques divergentes es que incluso en aquellos casos en que los gobiernos han tomado medidas para proteger el acceso de los pastores a la tierra por medio de la ley –que es una demanda indígena- esto no otorga ninguna protección sí los derechos legales de otros sectores cuestionan los derechos pastores. Por lo tanto, los derechos a la tierra de los pastores pueden ser protegidos por la ley, pero una ley de aguas puede permitir que este recurso crítico sea usado para la irrigación por los agricultores. En forma similar, una ley que protege los derechos a la tierra de los habitantes del bosque no valen nada si una ley forestal permite derechos madereros a compañías en la misma tierra.
Esas situaciones han llevado a algunos pueblos indígenas a enfatizar que las culturas indígenas son sistemas de subsistencia, reclamando la protección de éstos en vez de separar los derechos a la tierra de otros derechos. Los sistemas de subsistencia son protegidos por tradiciones culturales que regulan el acceso interno a recursos como tierras y aguas, el papel de los hombres y de las mujeres, etc. Los sistemas de subsistencia pueden ser destruidos o protegidos por la ley, pero su dinámica interna está vinculada a tradiciones culturales y no a la legislación nacional.
Bolaane y Saugestad nos advierten contra el hecho de centrarnos demasiado estrechamente en la implementación de las ODM. Simplemente porque en primera instancia el desafío para los pueblos indígenas es lograr un impacto sobre la interpretación de las metas. Sin encarar las causas estructurales de la pobreza entre los pueblos indígenas es improbable que los esfuerzos para lograr las ODM los alcancen. “Aunque las ODM tienen un potencial para evaluar los importantes problemas enfrentados por los pueblos indígenas, las ODM y los indicadores para su logro no captan necesariamente las especificidades de los pueblos indígenas y tribales y sus visiones. Es necesario hacer esfuerzos a nivel nacional, regional e internacional para lograr las ODM con la plena participación de las comunidades indígenas –hombres y mujeres- y sin interferir con sus vías de desarrollo y comprensión holística de sus necesidades. Esos esfuerzos deben tomar en cuenta los múltiples niveles y fuentes de discriminación y exclusión que enfrentan los pueblos indígenas”.(3)
Similarmente a la reducción de la pobreza, las ambiciones educativas de las ODM para lograr una educación primaria universal arriesgan convertirse en una amenaza contra los pueblos indígenas y sus culturas. Para lograr esta meta para los pueblos indígenas, se debería asegurar que la “educación no será usada para asimilar e integrar a los pueblos indígenas en la sociedad dominante y socavar aún más sus propias identidades, culturas y conocimiento tradicional. La educación bilingüe e intercultural tanto para los pueblos indígenas y no-indígenas son cruciales para sustentar la diversidad cultural (...) Esta meta debería ser enmarcada en términos de la promoción de los derechos de los niños indígenas a tener una educación que sea apropiada y relevante para ellos”.(4) Educación para todos – sí, pero ¿quién determina la lengua de enseñanza en las escuelas? ¿Se realiza en una lengua que hablan los niños indñgenas? ¿Cuáles son las implicaciones del proceso de aprendizaje si el maestro pertenece a otro grupo étnico que en general trata a los pueblos indígenas como inferiores?
La pobreza no es un concepto absoluto y significa algo diferente para gente diferente. Para la mayoría de los pueblos indígenas la pobreza está vinculada al racismo y la discriminación. Para llegar a los pueblos indígenas en una forma positiva, las estrategias de reducción de la pobreza deben incorporar las diferencias culturales. Los pueblos indígenas se pauperizan cuando el pastoreo, la caza y recolección y la agricultura rotativa son considerados como un problema en las estrategias de reducción de la pobreza. Es algo similar si la lenguas, religión u otras prácticas culturales indígenas son consideradas como obstáculos para el desarrollo.
Los pueblos indígenas son usualmente minorías diminutas dentro de los estados y sus demandas, incluso cuando la legitimidad de éstas es reconocida en el papel como en muchos de los países que ratificaron el Convenio 169 de la OIT, son frecuentemente puestas de lado por grupos más fuertes. En esta situación, los pueblos indםgenas tienen que insistir en que se incluyan algunas condiciones claves en todas las medidas que estén orientadas a la implementación de las ODM. La primera es naturalmente que sean reconocidos sus derechos colectivos como indígenas, y esto incluye su derechos colectivos a la tierra. Pero esto es, como se mencionó, sólo una condición preliminar. La próxima es que los derechos e intereses de los pueblos indígenas deberían ser incluidos específicamente en los esfuerzos de los estados, agencias multinacionales, ONG, y otros cuando tratan de cumplir las ODM y, cuando sea necesario, las medidas para lograr las ODM deben incluir medidas afirmativas. La tercera condición es que los derechos colectivos de los pueblos indígenas, en todas las cuestiones de su interés interno, tienen prioridad, lo que en la práctica implica que todos los proyectos que afecten a los pueblos indígenas deben tener su libre, previo e informado consentimiento.
Notas 1 Thomas Hylland Eriksen (red): Hvor mange hvite elefanter? Kulturdimensjonen i bistandsarbeidet. Oslo, Ad Notam Forlag. 1989. 2 Declaración del Grupo de Apoyo Inter-Agencias sobre Cuestiones Indígenas respecto a los pueblos indígenas y las Metas de Desarrollo del Milenio, 30 de septiembre y 1 de octubre de 2004. 3 Ibíd. 4 Discurso final de la Presidenta del Foro Permanente para las Cuestiones Indםíenas (mayo de 2005).
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