Las Filipinas fueron habitadas extensivamente por pueblos neolíticos austronesios y luego, desde el 3500 AC en adelante, por pueblos de la era del metal provenientes del continente asiático y las cadenas de islas vecinas. Fue colonia española (exceptuando gran parte de Mindanao-Sulu) desde el siglo dieciséis hasta fines del diecinueve. En la época española, subsistía con una economía feudal basada en las encomiendas y el comercio de galeones con México, y más adelante basada en haciendas que cultivaban productos de exportación.
En 1898, mientras la revolución filipina avanzaba hacia la victoria, España rápidamente cedió el país entero a Estados Unidos. Durante los siguientes 40 años, EEUU reprimió a la resistencia armada nacionalista, musulmana e indígena, y gobernó el país como colonia con una economía feudal modificada para ajustarse a sus necesidades de libre comercio. En 1935 se creó una mancomunidad patrocinada por EEUU. Luego de ser ocupada por Japón en la Segunda Guerra Mundial, Filipinas se convirtió en una república independiente en 1946. Una serie de tratados militares y económicos permitieron a EEUU proteger sus intereses comerciales y su presencia militar en el país.
En los últimos 60 años, la república se enfrentó con grandes desafíos; entre ellos, una insurgencia comunista persistente, el separatismo moro islámico, la dictadura de Marcos entre 1972 y 1986, dos revueltas de Poder Popular, disturbios militares, una crisis económica agravada y la emigración continua de trabajadores filipinos.
Desarrollos históricos importantes para los pueblos indígenas
Una teoría dudosa elaborada en la década de 1920 aduce que las sucesivas olas de inmigración prehispánica en el país produjeron un mosaico de pueblos diferenciados, lo cual implica que las diferencias entre los pueblos indígenas y no indígenas tienen fuertes raíces prehistóricas. Esta teoría de las olas inmigratorias permanece fija en la mente de la población, pero es rechazada ahora por la mayor parte de los estudiosos de la prehistoria filipina.
Lo más probable es que el proceso por el cual las distintas islas del archipiélago fueron pobladas por pueblos australoides y luego austronesios haya sido muy gradual y haya operado en varias direcciones a lo largo de 5.000 años. Esto creó un continuo de variación física y lingüístico cultural a través de las islas. Las diferencias étnicas en la época prehispánica no eran, por lo tanto, tan importantes como para convertirse en distinciones a largo plazo entre pueblos indígenas y no indígenas.
Fue durante los siglos de colonización española que aparecieron distinciones marcadas entre dos tipos de comunidades nativas: la oposición entre pueblos cristianizados y paganos, y entre tribus “dóciles” y “salvajes”.
Los grupos étnicos de las tierras bajas y de las zonas de la costa en Luzon y Visayan fueron efectivamente subyugados (por ejemplo, los ilokano, pangasinan, pampango, tagalog, bikol, sebuano e ilonggo). Los siglos de absorción al sistema colonial feudal español tuvieron un fuerte impacto en sus modos de vida locales y produjeron muchas características compartidas. Al final, llegaron a constituir la mayoría del pueblo filipino.
Por otra parte, las comunidades de Luzon del Norte, las montañas de Mindanao, las regiones islamizadas de Mindanao-Sulu y las islas dispersas desde Batanes hasta Palawan, sólo fueron colonizadas parcialmente o tardíamente, si es que lo fueron. A pesar de sufrir la dispersión y marginalización, retuvieron mucho de las formas de vida precoloniales, como se ve reflejado en las estructuras de producción y tenencia de la tierra, estructuras socioeconómicas, y en las creencias y prácticas culturales. Finalmente, llegaron a conformar lo que son los pueblos indígenas del país.
Bajo las leyes coloniales y diversos programas de “integración nacional” impuestos por EEUU, los pueblos indígenas fueron rápidamente incorporados al cuerpo político nacional. Pero estas leyes y programas no reconocían los derechos básicos de los pueblos indígenas a la igualdad y autodeterminación, y, en general, aprobaban las prácticas contra los indígenas. La apertura de la frontera al reasentamiento y a las industrias de extracción entre la década de 1930 y la de 1950, especialmente en Luzon del Norte y Mindanao llevó a una dislocación masiva de grupos indígenas y a la pérdida de sus tierras ancestrales.
Durante la larga era de Marcos (1966-1986), la situación de los pueblos indígenas se deterioró más aún. En las regiones de Moro y Lumad de Mindanao-Sulu, en la Cordillera, en las regiones de Mangyan en Mindoro, y en otros lugares, hubo un apoderamiento de tierras a gran escala, proyectos de gobierno destructivos, y violaciones a los derechos humanos que generaron una resistencia masiva a través de métodos legales y armados. Muchas organizaciones y grupos de promoción de los pueblos indígenas fueron creados en esta época.
La caída de la dictadura de Marcos llevó a algunas reformas políticas, entre las cuales se cuentan las disposiciones de la Constitución de 1987, que reconoce explícitamente los derechos de los pueblos indígenas a sus tierras ancestrales y a la autonomía regional.