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Asuntos Indígenas 3/2004

El Decenio de la ONU: Expectativas y Realidades
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Editorial

Internacional
El decenio de la ONU para los pueblos indígenas. Por jens Dahl
El Foro Permanente para las cuestiones indígenas: Como enfrentar los futuros desafios? Por Victoria Tauli Corpuz
El Programa para Becarios Indígenas de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos. Por Pernille Kramp
El Programa para Becarios Indígenas: un relato personal. Por Nicole (Migiziwe) Hetu
Movimiento indígena colombiano: una decada perdida y cronica del fin de una movilizacion. Por Efrain Jaramillo
El surgimiento de la sociedad civil de los pueblos indígenas en Africa 1994-2004. Por Nigel Crawhall


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Editorial
 
Cuando la Asamblea General de la ONU proclamó el Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo en diciembre de 1993, se comprometió a procurar mejoras en la situación de más de 300 millones de personas indígenas de todo el mundo entre 1995 y 2004. El objetivo de la ONU para el Decenio fue “fortalecer la cooperación internacional para resolver los problemas enfrentados por los pueblos indígenas en áreas como los derechos humanos, el medio ambiente, el desarrollo, la educación y la salud”.
La llave para lograr este objetivo había de encontrarse en el tema de la ONU para el Decenio Internacional – “Pueblos indígenas: una nueva relación  -alianza en acción”. La ONU se comprometió a alentar el desarrollo de nuevas asociaciones entre los pueblos indígenas y los Estados y otros grupos, y entre pueblos indígenas y la ONU. Estas asociaciones  –basadas en los principios de equidad, respeto mutuo y entendimiento- ofrecían medios para que los pueblos indígenas desarrollaran sus propias soluciones para los problemas que enfrentaban.
En 1995, la Asamblea General, siguiendo este objetivo, adoptó un programa ambicioso de actividades para el Decenio e identificó una serie de objetivos específicos entre los que se incluyen:
 
•    El desarrollo de actividades por parte de las agencias especializadas del sistema de la ONU y otras agencias intergubernamentales y nacionales, que beneficien a los pueblos indígenas.
•    La educación de las sociedades indígenas y no-indígenas con respecto a las culturas, lenguas, derechos y aspiraciones de los pueblos indígenas.
•    La promoción y la protección de los derechos de los pueblos indígenas.
•    La implementación de recomendaciones relativas a los pueblos indígenas adoptadas por todas las conferencias internacionales de alto nivel, incluyendo la propuesta de establecer un Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas dentro del sistema de la ONU.
•    La adopción por parte de la Asamblea General de la ONU de la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y la elaboración de normas internacionales y legislación nacional para proteger y promover los derechos humanos de los pueblos indígenas.
 
Para promover estos objetivos, las Naciones Unidas hicieron un llamado a los Estados miembros, pueblos indígenas, ONG y el sector privado para que colaboraran con las metas y objetivos del Decenio.
El Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA) adoptó entonces un documento estratégico titulado “IWGIA y los Pueblos Indígenas”. En  la publicación anual El Mundo Indígena 1994-1995, analizamos brevemente algunos de los temas de importancia para los pueblos indígenas en ese entonces y planteamos las interrogantes: ¿Cómo se verán estos temas hacia el fin del Decenio?¿Habrá un número substancial de pueblos adquirido la autodeterminación? ¿Vivirá la mayoría de los 300 millones de indígenas en relaciones pacíficas y dinámicas con los Estados en que viven? ¿Habrá el mundo entrado en razones y comenzado a apoyar activamente el mantenimiento de la diversidad cultural y biológica?
      Obviamente, no hay respuestas fáciles para las interrogantes anteriormente planteadas. Cinco años después, en 1999, cuando IWGIA realizó una evaluación a la mitad del Decenio, la organización afirmó que había “... una reticencia de parte de los gobiernos para permitir que las bellas palabras fueran seguidas por la acción, y mientras que algunos gobiernos y agencias internacionales han destacado políticas en apoyo de los pueblos y comunidades indígenas en países en desarrollo, se realizaron pocas iniciativas para poner en práctica estos objetivos y ambiciones”.
Pero, sin embargo, es sumamente significativo que hay pueblos que, desde 1995, han adquirido un reconocimiento de facto de su derecho de autodeterminación – sin la adopción de ninguna declaración internacional. Los inuit del norte de Canadá han logrado establecer su propio territorio autónomo, Nunavut, establecido en 1999 después de más de 20 años de negociaciones. Años de guerra entre los pueblos indígenas de Bougainville y el ejército de Papua Nueva Guinea han llegado a su fin y se espera que un gobierno autónomo se haga realidad hacia el fin del Decenio. Los mismos bougainvilleanos han subrayado frecuentemente la importancia de poder presentar su caso a la ONU. Se debe encarar el hecho de que hay numerosos casos en que la situación de los pueblos indígenas ha empeorado pero esto no debe descartar un análisis de dónde, por qué y cuándo se han producido mejoras y qué podemos aprender de estos casos.
Es interesante destacar que, al comienzo del Decenio, IWGIA también planteó las siguientes interrogantes específicas, de gran interés en aquel momento: ¿Cuál será la situación de los chakma en Chittagong Hill Tracts [Bangladesh] y los campos de refugiados dentro de diez años? ¿Habrá logrado Timor Oriental negociar su camino a la libertad con el gobierno indonesio?”. Hoy, la mayoría de los refugiados chakma ha retornado a sus hogares en Bangladesh pero, desgraciadamente, se ha desarrollado una situación de guerra civil interna y devastadora entre facciones políticas opositoras de los chakma. La problemática historia poscolonial de los pueblos indígenas de Timor Oriental encontró finalmente su solución con la independencia en 2002. Durante años, los líderes políticos del movimiento de liberación de Timor Oriental asistieron al Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones Indígenas, presentaron su caso a las Naciones Unidas, elaboraron estrategias con otros grupos indígenas y establecieron relaciones personales con líderes indígenas de todo el mundo.
Se podría argumentar fácilmente que estos acontecimientos pueden no estar directamente relacionados con el Decenio de la ONU. No obstante, eran expectativas claves al comienzo del Decenio para aquellos implicados y la atención que gobiernos y agencias han centrado en ellos ha sido influida indudablemente por las normas creadas por el establecimiento del Decenio. Lo que muchos pueblos indígenas esperaban era paz, esperanza y respeto, sin lo cual la autodeterminación sigue siendo letra muerta.
Diez años después, en el primer artículo de esta publicación, Jens Dahl, director ejecutivo de IWGIA, analiza el efecto del Decenio sobre los pueblos indígenas del mundo. Se centra específicamente en el Decenio como herramienta para mejorar el bienestar de los pueblos indígenas pero también analiza cómo y en qué medida los pueblos indígenas como grupo han hecho impacto en el sistema de la ONU, y cómo y en qué medida las actividades concentradas en la ONU se han filtrado hasta las comunidades indígenas.
En el segundo artículo, Victoria Tauli-Corpuz, recientemente electa como miembro indígena del Foro Permanente, se centra  en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que, ella dice, “representa uno de nuestros éxitos en lograr espacios que tratarán nuestras cuestiones e intereses dentro de la arena global”.
La creación de este organismo único de la ONU fue un importante avance en la larga lucha de los pueblos indígenas para obtener una plataforma dentro de la comunidad internacional. Sin embargo, es importante notar que el Foro es todavía frágil y está bajo una presión enorme. Como dice Victoria Tauli-Corpuz, “Después de  los tres años de existencia del Foro Permanente ya podemos ver sus muchos potenciales en términos del avance en la promoción de los derechos e intereses de los pueblos indígenas. No obstante, también podemos observar muchos de los desafíos a los que se enfrenta  el Foro Permanente y que pueden afectar su capacidad de cumplir efectivamente con su mandato”. Ella identifica desafíos, posibilidades y oportunidades para el Foro Permanente en los años venideros.
Pero a pesar de los muchos peligros, pasados y futuros, IWGIA quisiera aprovechar esta oportunidad para reconocer algunos de los logros del Foro durante su relativamente corta vida.
El Foro ha establecido su secretariado y ha comenzado a tratar las seis áreas principales de su mandato: desarrollo económico y social, cultura, medio-ambiente, educación, salud y derechos humanos, adoptando muchas recomendaciones importantes sobre temas indígenas. A través de sus recomendaciones al ECOSOC y a las agencias de la ONU, el Foro ha subrayado la importancia de encarar los temas indígenas desde un nivel regional para ofrecer soluciones aún más concretas a las comunidades indígenas. También ha comenzado a identificar métodos de trabajo innovadores, como paneles de alto nivel, seminarios, informes de expertos y enfoques temáticos transversales. El Foro también ha demostrado visión en la selección de sus temas principales y, en su última sesión, decidió priorizar la implementación y seguimiento de las recomendaciones durante sus primeros tres años de existencia.
Es importante destacar que el Foro también ha realizado esfuerzos substanciales para elevar la conciencia sobre los temas de los pueblos indígenas en el seno de los más altos organismos de la ONU. Este trabajo fue alabado por el Secretario General, quien en su discurso de apertura de la 3ª sesión del Foro Permanente, declaró que el Foro había comenzado a crear un lugar para sí mismo dentro del sistema de las Naciones Unidas.
Otro importante objetivo programático del Decenio era la capacitación  sobre  derechos humanos mediante el fortalecimiento del conocimiento y experiencia práctica en cuestiones sobre derechos humanos de las organizaciones indígenas. Para lograr este objetivo, se estableció en 1997 un Programa de Becarios bajo la responsabilidad de la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Desde entonces, un número importante de jóvenes activistas indígenas ha tenido la oportunidad de fortalecer su conocimiento sobre  las Naciones Unidas, recibir una imagen realista y en profundidad del sistema, desarrollar un buen conocimiento de los organismos y mecanismos de los organismos de derechos humanos de la ONU, obtener experiencia práctica y recibir capacitación directa por parte de especialistas.
En esta publicación hay dos artículos que se centran en este programa y han sido escritos por Pernille Kramp y Nicole (Migizikwe) Hetu. En su artículo, Pernille Kramp, ex coordinadora del Programa, nos brinda una información detallada sobre la historia, objetivos y contenido del programa, mientras que el artículo de Nicole Hetu complementa esta información con su relato personal como  becaria del programa en el 2002.
Un importante logro en la promoción y protección de los derechos de los pueblos indígenas durante el Decenio de la ONU fue indudablemente el nombramiento en 2001, por parte de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, del Relator Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Pueblos Indígenas.
El mecanismo del Relator Especial es sumamente importante para los pueblos indígenas ya que este cargo tiene el mandato de investigar quejas específicas de derechos humanos. El mandato incluye también la visita a países que supuestamente han violado, o están violando, los derechos humanos de una comunidad indígena en particular. El Relator Especial está autorizado a hacer recomendaciones y propuestas al estado en cuestión y a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU con respecto a los pasos, medidas y acciones que pueden tomarse para remediar violaciones de los derechos humanos y libertades fundamentales de los pueblos indígenas y prevenir futuras violaciones.
Desde su nombramiento como Relator Especial en 2001, Rodolfo Stavenhagen ha presentado sus informes a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU todos los años y ha declarado una y otra vez que los pueblos indígenas continúan enfrentando el despojo de sus tierras y recursos, discriminación, exclusión y marginación, asimilación forzada y otras formas de genocidio cultural junto con violaciones de sus derechos emergentes de tratados. Los indicadores sociales y económicos muestran que siguen sufriendo de índices elevados de pobreza y exclusión, y que sus niveles de bienestar están frecuentemente muy por debajo de los niveles nacionales. Todos estos elementos están inseparablemente vinculados a las violaciones de derechos humanos y su causa, y perpetúan el empobrecimiento y la marginación de los pueblos indígenas.
En este sentido, la grave situación que atraviesan los pueblos indígenas de Colombia es un ejemplo terriblemente significativo.
La radicalización del conflicto motivada entre otras cosas por el “Plan Colombia” ha provocado en los últimos años un aumento sin precedentes en el número de personas que abandonan sus territorios y comunidades para salvar la vida. Amenazas, miedo, masacres, asesinatos y enfrentamientos entre grupos armados figuran entre las principales causas de desplazamiento. Los pueblos indígenas y afro-colombianos constituyen los sectores mas vulnerables y más afectados por el conflicto armando y la migración forzada. Según datos recibidos de las organizaciones de derechos humanos en Colombia, durante el año 2003 fueron asesinados 139 indígenas, cifra que supera las de años anteriores. Por ello desde aquí apelamos a la responsabilidad de la comunidad internacional y solicitamos que urgentemente se tomen medidas eficaces orientadas específicamente a proteger a los pueblos indígenas y afro-colombianos de las violaciones sistemáticas de sus derechos humanos  fundamentales cometidas por los diferentes actores involucrados en este sangriento conflicto.
El fracaso de hacerlo sería una vergüenza para la comunidad internacional, y particularmente para los antecedentes de la ONU de promoción de la paz y respeto por los derechos humanos y libertades fundamentales sin distinción.
En su artículo sobre el movimiento indígena colombiano, Efraín Jaramillo considera que la década de los pueblos indígenas en sí misma ha sido caracterizada por la violencia y despojo a los pueblos indígenas y negros. Esto se evidencia en el alto número de masacres, asesinatos selectivos de dirigentes y desplazamiento de comunidades enteras. Según Jaramillo, este período, que comenzó a mediados de los años 90 y se prolonga hasta nuestros días, también se caracteriza por el desmonte sistemático de los derechos constitucionales de los pueblos indígenas y negros, que no termina hasta el momento y que se augura se profundizará para allanar el camino a los Tratados de Libre Comercio. 
Mientras que el panorama que nos ofrece el articulo sobre lo que ha pasado en Colombia durante estos últimos diez años es desalentador, Nigel Crawhall en su articulo sobre África nos brinda una visión bastante más esperanzadora. Según el autor, los últimos diez años han visto grandes cambios en África, siendo uno de los más profundos el surgimiento de una sociedad civil organizada que representa a diversos pueblos indígenas de una punta del continente hasta la otra. El Decenio de la ONU ha puesto en primer plano las voces de los sectores más vulnerables de la sociedad. Ha comenzado un nuevo diálogo que cambiará a África para mejor.
Sin embargo, en la medida en que el Decenio se acerca a su fin, los pueblos indígenas de África todavía sufren  serias y cotidianas violaciones de sus derechos humanos más básicos. La diferencia durante estos últimos  diez años es que los activistas indígenas de África son ahora mucho más conscientes de la existencia de los sistemas internacionales y regionales de protección de los derechos humanos y hacen uso  cada vez más las oportunidades que estos les brindan. En este contexto, la adopción del documento marco sobre los pueblos indígenas de África de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos es uno de los resultados más destacables del trabajo de incidencia y de lobby de los pueblos indígenas durante el Decenio. Mediante la adopción de este documento marco y sus conclusiones y recomendaciones, la Comisión Africana ha dado una clara señal de que reconoce la existencia de poblaciones indígenas en África, que éstas sufren de violaciones serias de los derechos humanos (incluyendo frecuentemente la violación de derechos colectivos fundamentales), que la Carta Africana debería ser usada para proteger y promover los derechos humanos de las poblaciones indígenas y que la Comisión Africana trabajará activamente sobre el tema.
En relación con la cuestión crucial sobre la protección  de los derechos de los pueblos indígenas, el Secretario General de la ONU en su revisión preliminar de las actividades del sistema de las Naciones Unidas con relación al Decenio destacó dos temas fundamentales. El primero sobre la falta de implementación de las normas de derechos humanos a nivel nacional, el segundo concernía a la largamente esperada adopción del Proyecto de Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas, que fue recomendada en el programa de actividades del Decenio pero que todavía no ha sido lograda.
No obstante, el Secretario General no ha sido el único en expresar su preocupación ante la ausencia de progreso en la adopción de la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Hablando al Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones Indígenas en julio de 2004, la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos expresó preocupación de que cumplir con la meta de adoptar una Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas antes de 2004 era ahora “prácticamente imposible”. Sin embargo, la necesidad de proteger y promover los derechos de los pueblos indígenas no podría ser más urgente ni más clara. De igual manera,  en su presentación ante el 3er comité de la Asamblea General en octubre de 2004, el Relator Especial, Rodolfo Stavenhagen, dijo que ninguno de los avances alcanzados durante el Primer Decenio Internacional podría haber tenido un sentido real si el Proyecto de Declaración no hubiera sido adoptado.
En 1999, en su revisión de mitad de término del Decenio, IWGIA urgió a todos los gobiernos a endosar la adopción general del Proyecto de Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Lamentablemente, a sólo un mes de finalizar el Decenio, la perspectiva de alcanzar una de las metas más importantes del Decenio –la adopción de una Declaración Universal para la promoción y protección de los derechos de los pueblos indígenas- parece estar ahora en serio peligro.
Por lo tanto exhortamos vehementemente a las instituciones intergubernamentales y gobiernos a renovar su compromiso con este proceso y trabajar por la adopción de una norma internacional fuerte y efectiva para la promoción y protección de los derechos de los pueblos indígenas lo antes posible. Creemos que el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas tal como se reflejan en el Proyecto de Declaración no es sólo de interés de los pueblos indígenas sino también de interés para la paz y justicia para todos los pueblos del mundo. En este sentido, el fracaso de la comunidad internacional sería una terrible amenaza para el bienestar y la supervivencia de más de 300 millones de personas indígenas en todo el mundo.
El fin de este Decenio es entonces un buen momento para que IWGIA tome parte y considere seriamente cómo podemos promover mejor el reconocimiento de los derechos fundamentales de los pueblos indígenas y aumentar su bienestar.
Una revisión general de los acontecimientos regionales y nacionales durante el Decenio revela claramente que hay una continua oposición por parte de los gobiernos a traducir la retórica de las discusiones y de los compromisos políticos hechos en las Naciones Unidas en acciones concretas, políticas amplias y programas que promuevan el desarrollo y los derechos de los pueblos indígenas a nivel de país.
A partir de nuestra experiencia, podemos concluir que a pesar de los positivos desarrollos institucionales con relación a la protección y la promoción internacional de los derechos de los pueblos indígenas, todavía continúa la resistencia o escepticismo sobre la legitimidad de sus derechos a nivel nacional, regional e internacional. Mientras que el Decenio llega a su fin, los pueblos indígenas de muchos países continúan enfrentando severas violaciones de sus derechos fundamentales y están entre los pueblos más pobres y más marginados. Muchos Estados todavía siguen negando la existencia de los pueblos indígenas y otros siguen implementando políticas que amenazan sus identidades distintas o ponen en peligro sus vidas y bienestar.
Sin duda, el Decenio en sí mismo, el Foro Permanente y el Proyecto de Declaración han puesto indudablemente un nuevo foco sobre el mundo de los pueblos indígenas, pero el apoyo de la comunidad internacional todavía sigue siendo crucial para su supervivencia y su futuro. Las instituciones intergubernamentales como las Naciones Unidas tienen no sólo un rol crucial a jugar en la protección, promoción y avance de los derechos fundamentales de los pueblos indígenas sino también la responsabilidad de alcanzar mejoras importantes en las condiciones de vida de los pueblos indígenas dentro de los países en que viven. Por lo tanto, IWGIA cree que es fundamental mantener el impulso generado durante los últimos diez años mediante la proclamación de un nuevo Decenio.
Este nuevo Decenio debería procurar construirse sobre lo que se ha logrado hasta la fecha y desarrollar aún más acciones internacionales concretas. También debería promover activamente medidas para mejorar el bienestar de los pueblos indígenas en todo el mundo. Deberían realizarse esfuerzos muchos más grandes para promover y desarrollar actividades encaminadas a la incorporación de los intereses y preocupaciones de los pueblos indígenas en la elaboración de políticas dentro de las instituciones regionales y nacionales, promover un desarrollo basado en los derechos humanos y en los derechos indígenas, y fortalecer la cooperación entre las instituciones internacionales y los pueblos indígenas en la preparación e implementación de programas que tengan un impacto directo sobre los pueblos indígenas.
Por lo tanto,  esperamos sinceramente que los Estados miembros de la ONU, que se están reuniendo en este mismo momento en la sesión de la Asamblea General en Nueva York, no dilaten la proclamación de un nuevo Decenio para los pueblos indígenas renovando  así su compromiso de protección y promoción de los derechos de los pueblos indígenas y trabajen conjuntamente con ellos para implementar acciones concretas orientadas a mejorar las difíciles condiciones de vida que ellos enfrentan en todo el mundo.