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Alemania y Namibia: la reparación del primer genocidio del siglo XX

POR ROBERT HITCHOCK Y MELINDA KELLY

Las heridas ocasionadas por la gran masacre de 60.000 hereros y 10.000 namas en la antigua colonia de África del Sudoeste aún no cierran. A los campos de concentración y el trabajo esclavo, se suman las cicatrices por la exhibición de restos humanos en museos y la manipulación para teorías científicas racistas. Tras un siglo de negacionismo, los gobiernos de ambos países acordaron una compensación de 1.100 millones de euros en un plazo de 30 años. Sin embargo, los descendientes de las víctimas no sienten que sus demandas sean escuchadas.

Lea el original en Debates Indígenas

Foto: Ullstein Bild / Getty Images

 El 28 de mayo de 2021, Alemania anunció que había logrado un Acuerdo de Reconciliación con Namibia, en el cual reconocía que había cometido el crimen de genocidio contra los pueblos Herero y Nama del África del Sudoeste (actual Namibia) entre 1904 y 1908. El acuerdo todavía debe ser confirmado por los parlamentos de ambos países. El documento preliminar constituye una de las primeras negociaciones de este tipo entre un antiguo poder colonial y una antigua colonia en calidad de pares.

El genocidio comenzó el 12 de enero de 1904 cuando los hereros, luego de una creciente tensión entre los colonos alemanes y los residentes de África del Sudoeste, atacaron a campesinos y comerciantes alemanes en Okahandja, Karibib y Omaruru con el objetivo de expulsarlos de la tierra Ovaherero. Los alemanes respondieron a este ataque con una brutalidad extrema: asesinaron a hombres, mujeres y niños.

En agosto, las fuerzas alemanas atacaron a los hereros que estaban reunidos en Omahakari con el objetivo de negociar un acuerdo de paz. La denominada Batalla de Waterberg concluyó con cientos de víctimas, mientras que quienes escaparon hacia la región de Omaheke, al este del país, fueron perseguidos y también asesinados. Un número desconocido de hereros perdieron sus vidas debido a la deshidratación sufrida al intentar cruzar el Omaheke y escapar hacia el Protectorado de Bechuanalandia (actual Botsuana).

El 2 de octubre de 1904, el comandante de las fuerzas alemanas, el General Lothar von Trotha, emitió una orden que equivalía a una declaración de exterminio: atacaron los hogares y corrales de los hereros. Se estima que alrededor de 60.000 hereros y 10.000 namas fueron asesinados. Pero, como explican las víctimas de este genocidio, no se trata solamente del número de vidas perdidas, sino también del impacto social, económico y psicológico.

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Prisioneros hereros transportados a campos de concentración. Foto: Ullstein Bild.

Aniquilamiento, trabajo esclavo y destrucción de sus medios de vida

Entre 1904 y 1908, la gran masacre y los asesinatos sufridos por el pueblo de Namibia a manos de los alemanes no incluyó solamente a los hereros y los namas, sino que también a los sans y los damaras. Miles de integrantes del pueblo Herero y Nama fueron confinados en campos de concentración donde experimentaron condiciones de vida espantosas, como la falta de comida, agua y atención médica. Otros fueron forzados a realizar trabajos esclavos: desde construir caminos y vías férreas, hasta trabajar en minas, campos y ranchos alemanes.

El genocidio cometido contra los hereros y los namas constó de varias etapas. La primera consistió en la masacre de combatientes y no combatientes. La segunda fase implicó el establecimiento de un cordón en la región de Omaheke, junto a la persecución y el traslado de los refugiados hereros de la batalla de Omahakari. La tercera etapa se basó en la implementación de la política de tierra quemada: se destruyeron hogares, corrales y lugares sagrados; se aniquilaron ganado, cabras y ovejas; y se incendiaron cultivos.

Tras el cese formal del conflicto, las hostilidades continuaron hasta el cierre de los campos de concentración entre 1907 y 1908. La matanza de hereros, namas y otros pueblos continuó hasta que las fuerzas de Sudáfrica conquistaron África del Sudoeste en 1915 y reemplazaron al gobierno colonial. A pesar del evidente esfuerzo del Estado alemán para borrar los registros que evidencian el genocidio y las grandes violaciones a los derechos humanos, las víctimas mantuvieron viva la memoria del primer genocidio del siglo XX.

Un amargo recordatorio del genocidio fue la presencia de restos humanos en escuelas médicas y hospitales. Durante todo el siglo XX, las y los académicos alemanes experimentaron con cráneos, huesos y cuerpos completos. Algunos de los experimentos intentaban justificar las teorías científicas racistas que respaldaban las perspectivas físico-antropológicas alemanas sobre la raza, incluso tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los restos humanos hereros y namas también fueron exhibidos públicamente en museos alemanes. A principios del siglo XXI, hubo una protesta generalizada cuando este tratamiento de los restos se hizo público. El rechazo tomó volumen al conocerse las historias de mujeres del pueblo Herero dentro de los campos de concentración de Luderitz y Swakopmund. Los testimonios narraban cómo fueron obligadas a preparar cráneos que iban a ser transportados a las instituciones alemanas.

De modo opuesto, ocurrieron eventos que podrían considerarse positivos. Entre 2011 y 2018, Alemania decidió repatriar cráneos, restos humanos y riquezas culturales de los hereros y los namas a Namibia. No obstante, no existió una disculpa formal sobre la forma en que los restos humanos fueron tratados mientras se encontraban en manos de los alemanes.

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A partir de 2011 se empezaron a repatriar los restos humanos de los hereros y namas. Foto: Christian Mang / Reuters

Buscar el perdón sin escuchar a los descendientes

Recién el 14 de agosto de 2004, la Ministra de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, Heidemarie Wieczorek-Zeul, emitió una disculpa oficial en Omahakari, Namibia, por las atrocidades cometidas por las fuerzas alemanas contra los hereros y los namas. Más tarde, los mismos oficiales del gobierno alemán calificaron las atrocidades como un “genocidio” y pidieron perdón por los crímenes cometidos contra estos pueblos.

En una serie de reuniones entre 2015 y 2021, Alemania negoció las reparaciones del genocidio únicamente con el gobierno de Namibia. Casi no existieron conversaciones con descendientes de las víctimas. Ni la Autoridad Tradicional Ovaherero ni la Asociación de Líderes Tradicionales Namas fueron autorizadas para participar de las negociaciones sobre el Acuerdo de Reconciliación. Paralelamente, las apelaciones presentadas por los namas y los hereros frente a Naciones Unidas y la Corte Federal de Nueva York fueron desoídas. El difunto Jefe Supremo del Pueblo Herero, Vekuii Reinhard Rukoro, y el fallecido Líder Tradicional, Gaob Afrikaner, también expresaron su rechazo a la negociación.

En mayo de 2021, Alemania y Namibia firmaron un acuerdo provisorio que incluye el pago de 1.100 millones de euros en un plazo de 30 años para proyectos de desarrollo en Namibia. La reparación económica es una especie de fondo de reconciliación que brindaría asistencia financiera y cultural al país africano. En declaraciones públicas, los hereros y los namas rechazaron la oferta, pero el gobierno namibio está considerando aceptarla.

Los planes incluyen proveer asistencia para el desarrollo de siete de las 14 regiones de Namibia, donde los hereros y los namas representan la mayoría de los residentes. A diferencia del acuerdo de reconciliación firmado en Australia, en el que el Estado aceptó pagar 55.000 dólares a indígenas que fueron forzados a abandonar a sus familias siendo niños, el Estado alemán no hará pagos a individuos o comunidades puntuales.

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Memorial en el Campo de Concentración de Swakopmund. Los descendientes de las víctimas reclaman participar de las negociaciones por el acuerdo. Foto: Christian Ender

Sin precedente legal, sin restitución de las tierras

En el Acuerdo de Reconciliación preliminar se destaca que Alemania reconoce el genocidio en un sentido moral y político. Sin embargo, descarta las compensaciones económicas individuales: el Estado alemán no quiere establecer un precedente legal que pudiera implicar en el futuro el pago de indemnizaciones monetarias a las víctimas de sus políticas coloniales y post coloniales. Asimismo, el acuerdo con Namibia puede ser un caso testigo para futuras negociaciones con las ex colonias francesas, británicas y portuguesas en África.

La restitución de las tierras es una de las cuestiones fundamentales que no se mencionan en el Acuerdo de Reconciliación. Muchas tierras se encuentran en manos de namibios alemanes. Los hereros y los namas han señalado en repetidas oportunidades que las tierras deben ser restituidas, pero el gobierno de Namibia decidió no apoyar este reclamo. En 2020, Namibia presentó un informe sobre Reclamos de Tierras Ancestrales que sostenía que no era posible quitarles las tierras a sus dueños sin un contrato celebrado en condiciones de libertad.

Aún no está claro cuándo Alemania y Namibia finalizarán el Acuerdo de Reconciliación. En cambio, sí es seguro que los hereros y los namas, así como los sans y los damaras, no consideran que el acuerdo incluya de forma integral las compensaciones e indemnizaciones por las violaciones a los derechos humanos que sufrieron –y que todavía continúan sufriendo– durante la colonización. La única manera de lograr una verdadera reconciliación es que los descendientes de las víctimas participen activamente en la toma de decisiones sobre cómo abordar las violaciones a los derechos humanos.


Robert K. Hitchcock es profesor de Antropología por la Universidad de Nuevo México.

Melinda C. Kelly es integrante de la organización Kalahari Peoples Fund.

 

 

Etiquetas: Integridad cultural, Debates Indígenas

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