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El precio de la lucha por los derechos de los pueblos indígenas y del medio ambiente en Rusia

POR ADC MEMORIAL

Lea el original en Debates Indígenas.

La minería del carbón destruye la selva congelada de la región de Siberia. La contaminación de la taiga y los ríos perjudica a los pueblos shor que viven de la caza, la pesca y la recolección. Quienes se enfrentan al gobierno y las empresas para defender los derechos de la naturaleza reciben amenazas y el hostigamiento para sus familias.

El Óblast de Kémerovo en Rusia es una región al suroeste de Siberia, donde la minería del carbón es la actividad más importante de su economía. En Kuzbass existen 160 minas y pozos activos, y están en construcción otras 106. Según el Informe sobre el estado y la protección del medioambiente en el Óblast de Kemerovo - Kuzbass de 2019 del Ministerio de Recursos Naturales y Medioambiente, se extrajeron un total de 248,7 millones de toneladas de carbón: casi el 60% de la minería en Rusia y el 75% de las exportaciones de carbón que se producen en esta región.

En los últimos 15 años, las minas de carbón a cielo abierto se han multiplicado, ya que es el tipo de minería más rentable. En paralelo, el entorno se ha ido transformando en un paisaje lunar plagado de manchas: la taiga (la selva de subsuelo helado) ha sido diezmada, los ríos están cubiertos con lodo de carbón, montículos de residuos venenosos proliferan sobre la tierra y el aire está contaminado.

En medio de este escenario apocalíptico, unos 12.000 shors y 2.500 teleuts intentan sobrevivir a la contaminación del territorio en el que cazan y pescan. Conservan su lengua, su cultura, sus lugares sagrados, su cosmovisión tradicional y sus actividades tradicionales como la recolección, la apicultura y la jardinería, que siguen siendo su principal fuente de ingresos y de alimentación.

El pueblo Kazas

La minería del carbón está destruyendo sistemáticamente al pueblo Shor. Uno de los casos más conocido es el del pueblo Kazas, que se encuentra en un territorio tradicional indígena, en donde el Estado es responsable de la protección de su cultura y su forma de vida singular. En 2012, la nueva mina de carbón Beregovoy, propiedad de la empresa Yuzhnaya, se construyó en territorio indígena. Una de las condiciones de la licencia emitida por la Agencia Federal para la explotación de la mina Beregovoy era que se debía reubicar a los residentes de 28 casas del pueblo de Kazas.

Sin consultar ni notificar a los habitantes, el alcalde de Myski firmó un acuerdo de reubicación con Yuzhnaya. La empresa presionó a los residentes para que vendieran sus casas y parcelas, ofreciéndoles un precio 10 veces inferior a su valor real de mercado. Los que se negaron a abandonar sus tierras ancestrales fueron amenazados con quemar o arrasar sus casas con excavadoras. Vladislav Tannagashev, del pueblo Shor, explica: “La empresa creó un ambiente difícil. Montaron un puesto de control a la entrada del pueblo por el que teníamos que pasar para llegar a nuestras casas. Era muy difícil vivir así. Naturalmente, en estas condiciones, muchos residentes acabaron vendiendo sus casas”.

Estas amenazas no se quedaron en meras palabras. Los hogares de las personas que no estaban de acuerdo con la venta fueron quemados por personas no identificadas. Si bien se abrieron causas penales, nunca se encontró a los culpables. Las sospechas aumentan cuando la única forma de entrar en el territorio era a través de un puesto de vigilancia de la empresa, equipado con cámaras de video. “Acababa de caer la primera nevada y había huellas de personas. Prendieron fuego con materiales inflamables y los arrojaron para producir un incendio. Los autos pasaron por el puesto de control del pueblo. Una de las cámaras apunta directamente a la entrada. Ninguna captó la matrícula y los guardias no la anotaron”, señala Nikolai Kastarakov, residente en Kazas.

La Fiscalía de la región declaró que los acuerdos de reubicación con la compañía de carbón se llevaron a cabo de forma fraudulenta y que la decisión de reubicar el pueblo no se adoptó como la ley lo establece. Esto no impidió que Yuzhnaya obtuviera una licencia para seguir extrayendo carbón, a pesar de no haber cumplido con su obligación de reubicar las familias. “Nunca hemos tenido incendios. Ni siquiera se nos ha quemado una casa por nuestra culpa. Todo esto empezó después de la llegada de Yuzhnaya”, agrega Vladimir Tokmagashev.

Los miembros del Consejo Municipal de Myski debatieron la propuesta de trasladar el pueblo de Kazas a un nuevo lugar. Sin embargo, la parcela propuesta estaba ubicada en una zona pantanosa y no resultaba adecuada para vivir. El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de Naciones Unidas recomendó que se restablecieran los derechos de los residentes de Kazas. Sin embargo, el problema todavía no se ha resuelto. Aún no se adoptó el programa de reubicación y el gobierno ruso no recompensó a los shor por la pérdida de sus tierras y hogares. Ni siquiera en forma de concesiones de tierras.

Luchar por la tierra de sus antepasados

Yana Tannagasheva es una mujer shor y una defensora acérrima del entorno natural de Kuzbass. Profesora de ruso en una escuela pública cercana a Kazas, comenzó su activismo ante la expansión de la minería del carbón en las tierras ancestrales de su comunidad. Junto a su familia siempre han mantenido el vínculo con el pueblo de sus antepasados: de niña solía pasar allí unas semanas durante el verano para ayudar a su abuelo con la temporada de recolección de heno. Por aquel entonces, las minas a cielo abierto estaban a más de 10 kilómetros del pueblo. A medida que se fueron acercando, el polvo y el hollín empezaron a contaminar los campos, los jardines y el río, a la vez que se escuchaban las explosiones de dinamita.

Al principio, Yana combinaba su activismo con la docencia. Cuando el gobierno local se enteró de su activismo, Yana se vio obligada a renunciar como profesora. Irónicamente, esto ocurrió tras ser nombrada maestra del Óblast (región) de Kemerovo como reconocimiento a logros como docente. Sus amigos y conocidos le preguntaban por qué hacía esto. Sin embargo, Yana tiene en claro que para que la cultura y los pueblos Shor sobrevivan, es necesario defender su derecho a un entorno natural, limpio y sano.

Gracias al continuo activismo de Yana y su marido se conoció la tragedia de la aldea de Kazas. Por esta razón, empezaron a recibir amenazas de la policía local, del Servicio Federal de Seguridad de la Federación de Rusia (FSB) y de las empresas mineras. Incluso algunos de sus familiares fueron amenazados. En varias ocasiones, Yana recibió preguntas que buscaban generarle temor: “¿No te preocupa que les pueda pasar algo a tus hijos?”.

En 2016, Yana viajó a Ginebra para informarle al Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial del etnocidio en curso contra la cultura shor y acusar a las autoridades rusas de proporcionar deliberadamente información falsa al CERD. Tras su intervención en la ONU, los medios de comunicación locales y las autoridades acusaron a Yana y a su marido de agentes anti-rusos, y señalaron que su activismo era financiado por Occidente. A partir de entonces, empezaron a seguirlos y a menudo había un coche estacionado frente a su departamento. En 2017, sobrevivieron a un accidente automovilístico. A pesar de los indicios, nunca pudieron demostrar que el accidente había sido deliberado.

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Tras las amenazas por sus denuncias a la minería del Carbón, Yana Tannagasheva debió exiliarse junto a su familia en Suecia. Foto: ADC Memorial.

El exilio de Yana y su familia

Yana no cesó en su activismo. Cuando el gobierno local y la empresa Yuzhnaya se dieron cuenta de que el acoso legal, administrativo y mediático no era suficiente, empezaron las intimidaciones con sus dos hijos. Un día, un hombre desconocido siguió a uno de sus hijos hasta su escuela de música.

Al final, la presión resultó ser demasiado fuerte. Aunque Yana y su marido Vladislav estaban dispuestos a correr ciertos riesgos, no querían arriesgar la salud y la vida de sus hijos. En 2018, aprovechando que las fuerzas de seguridad estaban concentradas en las protestas en la capital de la región, la familia viajó a Moscú y de allí a Suecia, donde solicitaron un asilo político que obtuvieron en 2020, dos años y medio después.

Hoy Yana y Vladislav viven en el norte de Suecia, donde el clima y el paisaje les recuerdan a su Siberia natal. Junto a sus hijos son miembros de la Sociedad Sueca para la Conservación de la Naturaleza. Además, continúan apoyando los derechos de los pueblos indígenas, el activismo climático e informando sobre el desastre medioambiental en Kuzbass y cómo afecta a los shors de la región. Sin embargo, incluso viviendo en Suecia, siguen recibiendo amenazas desde Rusia. Como un modo de intentar sanar sus heridas y seguir construyendo conciencia, Yana ha escrito varios poemas sobre la tragedia de su pueblo. Uno de ellos dice:

Tragando polvo de carbón,

el triste hombre shor dirá:

“Mi taiga, mi río, mi montaña,

os habéis convertido en hollín.

No os protegí para mis nietos,

que estaban planeando mañana

caminar por el camino de los cedros,

recoger ajos silvestres para el desayuno,

atrapar peces cucaracha en una jaula trampa,

llevar un rifle para la caza

y la vieja mochila de mi abuelo,

que he guardado todos estos años”.

La lucha por el medio ambiente continúa

Mientras tanto, los pueblos de Kuzbass siguen protestando. El 13 de junio de 2020, los habitantes del pueblo de Cheremza organizaron una protesta contra las actividades de la mina Kuznetsky Yuzhny a raíz de que la empresa había decidido construir una estación de carga de carbón cerca de sus casas sin haber obtenido el debido consentimiento. La protesta se prolongó durante meses y, además de los residentes locales, llegaron activistas de otras regiones.

A lo largo de dos meses y medio, la dirección de la mina de Kuznetsky Yuzhny no consiguió convencer a los manifestantes de que el proyecto no suponía un peligro para su salud o para el medio ambiente. Numerosos intentos de iniciar las obras acabaron en escaramuzas entre los manifestantes y los representantes de la empresa de carbón. Como resultado, la minera suspendió las obras y retiró el equipo de construcción. El 21 de agosto de 2020, se informó que se había anulado el permiso de construcción.

Sin embargo, ni el Gobierno ni la empresa han perdonado a los manifestantes por su victoria. Los activistas empezaron a recibir amenazas y muchos fueron víctimas de acoso judicial, detenciones y campañas de desprestigio. Las autoridades no renunciaron a la práctica infame de presionar a través de los niños. Efectivos de la comisaría de Novokuznetsky intentaron llevarse por la fuerza a los hijos de dos manifestantes con el pretexto de que al participar en las protestas los padres habían infringido las normas relacionadas con el COVID-19. Afortunadamente, los padres consiguieron conservar la custodia de sus hijos.

Está claro que las autoridades y las industrias extractivas implicadas están dispuestas a utilizar cualquier medio para seguir adelante con su agenda: desde amenazar activistas hasta acosar a sus hijos en la calle. A pesar de todo el hostigamiento, la lucha por los derechos de los pueblos indígenas y el derecho a un medio ambiente limpio en Rusia se mantiene firme a lo largo de todo el territorio.

Conocida por su compromiso con la defensa de derechos, la escritora shor Lyubov Chulzhanova señala: “El trato bárbaro a la naturaleza y a los pueblos indígenas está llevando al mundo a la autodestrucción. Pero la codicia de los peces gordos del carbón les ha cegado la razón, por lo que siguen destruyendo la naturaleza y cavando una tumba para todo lo que vive en la tierra. No podemos alcanzar el bienestar material y el desarrollo sostenible profanando los fundamentos de la vida -aire limpio, agua y tierra limpia- o acabando con las plantas, los animales y las personas. Debemos respetar no sólo los derechos humanos y los derechos indígenas, sino el derecho a la vida de todo lo que vive en la tierra. De lo contrario, la humanidad perecerá”.

 

ADC Memorial es una organización de derechos humanos con sede en Bruselas.

Etiquetas: Clima, Empresas y derechos humanos , Debates Indígenas

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