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El rostro colonial del conservacionismo ambiental en Ecuador

POR ALFREDO VITERY GUALINGA PARA DEBATES INDÍGENAS

A lo largo de la historia, el colonialismo asumió distintas facetas. Primero fueron los misioneros religiosos, luego las empresas del caucho y, finalmente, las petroleras. En la actualidad, bajo una máscara verde, las ONG ambientalistas continúan el legado de opresión de sus predecesores. Esta vez, la estrategia del denominado capital verde radica en apropiarse de nuestros territorios ancestrales para vender bonos de carbono. De este modo, la mercantilización de los bosques amazónicos es un nuevo intento de dividir a nuestras organizaciones indígenas. Frente a esta nueva avanzada, la solución es apostar a la autodeterminación de la sociedad comunitaria del Sumak Kawsay.

Todo comenzó con los mercenarios venidos desde Europa. Eran tropas de ocupación colonial armadas con la espada y la cruz. En oleadas, los conquistadores invadieron nuestros territorios ancestrales, ocuparon nuestras comunidades y usurparon nuestros derechos. Así, hace 531 años, comenzó la historia colonial que continúa destruyendo y expoliando el Sumak Kawsay de nuestros pueblos hasta la actualidad.

Desde entonces hemos vivido diferentes olas coloniales: las misiones, los shiringueros, los petroleros, los mineros y los madereros. Ellos trajeron también las epidemias y pandemias que diezmaron muchas vidas de nuestros pueblos: la viruela, el sarampión, la fiebre amarilla, la disentería y, en los últimos años, el Covid-19. En los tiempos actuales, el conservacionismo ambiental es la nueva ola colonial que se presenta como la panacea del márketing ecologista que mercantiliza nuestros territorios ancestrales.

Las misiones y los shiringueros

Las misiones fueron los rostros coloniales imperiales que nos impusieron un único Dios supremo. Llegaron a nuestras tierras por el año 1600 y aún siguen aquí. Su misión fue extirpar nuestra conciencia: el yuyay. Colonizaron nuestras mentes y vaciaron nuestro pensamiento de vida. Proscribieron nuestra religiosidad y espiritualidad. Intentaron anular nuestra visión del mundo y trataron de borrar nuestra historia. Para ellos no éramos ayllu, es decir, no éramos comunidad ni pueblo, no teníamos cultura ni derechos. Nos clasificaron como criaturas sin alma, como a bárbaros infieles.

Con esta visión divina ocuparon nuestros territorios, controlaron la vida de nuestras comunidades e intentaron anular nuestra visión de territorialidad. Del mismo modo, desarticularon nuestras relaciones de convivencia con todas los seres de nuestros bosques y aguas y trastocaron el sistema de vida de nuestra sociedad comunitaria del Sumak Kawsay. Impusieron un desorden colonial devastador que condujo a la sumisión política, social, cultural y económica de nuestras comunidades durante generaciones. Desbarataron nuestras formas comunitarias de autogobierno, suplantando nuestras autoridades ancestrales por autoridades al servicio de los intereses misionales. De este modo, ejercieron su poder violentamente.

Los shiringueros, como llamamos a las empresas caucheras que se apoderaron de todas los bosques y ríos de la Amazonía entre 1789 y 1945, han sido también un rostro colonial. El auge del caucho amazónico coincidió con la Primera Guerra Mundial y el desarrollo del neumático para la industria automotriz. La explotación fue a gran escala, a tal magnitud, que puso en peligro la supervivencia de los pueblos indígenas: nuestros ancestros fueron sometidos a crímenes de lesa humanidad y se instauró una práctica de exterminio de todas las vidas de la Amazonía.

El extractivismo del caucho exacerbó el racismo, la discriminación sociocultural y la explotación económica contra las comunidades indígenas. Además, alteró las prácticas ancestrales del sistema comunitario de la economía del Sumak Kawsay. La extracción y comercio del caucho instauró un sistema esclavista perverso, basado en la imposición de deudas impagables y el trabajo forzado de por vida. Las huellas coloniales de las haciendas caucheras están presentes hasta el día de hoy en la memoria de nuestras generaciones.

Los rostros coloniales del imperio petrolero y el conservacionismo ambiental

La ocupación de nuestros territorios ancestrales por parte de las empresas petroleras transnacionales es la mayor invasión colonial de la historia contemporánea, después de la conquista europea y las empresas caucheras. Los efectos devastadores de la extracción petrolera también desestabilizan las estructuras comunitarias que sustentan el sistema de vida del Sumak Kawsay en todos sus componentes. El resultado ha sido la exclusión social, discriminación, racismo, pobreza, alcoholismo, drogadicción, delincuencia, violencia familiar y prostitución. Además, su impacto es intergeneracional, pues vulneran los derechos a través de décadas.

Tras el festín del petróleo llegó el festín del carbono. En la vorágine del mercado ambiental los pueblos indios sólo somos una huella de carbono o, en el mejor de los casos, somos un gramo de CO2 negociables al mejor postor. La nueva ola colonial del conservacionismo ambiental es una avalancha verde que se desliza catastróficamente sobre los territorios de los pueblos indígenas amazónicos. Esta vez, las empresas coloniales mimetizan su ambición imperial tras un rostro ecológico y se proponen convertir nuestros territorios ancestrales en escenarios de la danza mercantil de los capitales verdes y azules, y de los bonos de carbono.

La propagación del conservacionismo ambiental es parte de la estrategia colonial de las grandes corporaciones extractivistas que contaminan el planeta y que pretenden arrebatar los derechos territoriales de los pueblos indígenas para seguir expoliando la vida. Las ONG conservacionistas internacionales, operadoras de los bonos de carbono y los capitales verdes, financiadas por las grandes corporaciones, son las encargadas de implementar la agenda conservacionista colonial sobre los territorios donde vivimos, manteniendo las regiones boscosas más importantes del planeta, gracias a nuestros conocimientos y saberes ancestrales, y nuestra visión de vida que es el Sumak Kawsai.

Para afianzar su injerencia colonial, las organizaciones conservacionistas esparcen sobre los pueblos indígenas una campaña envolvente de márketing mediático ambientalista. El objetivo es adoctrinar a las comunidades con un fundamentalismo conservacionista y ambiental asfixiante, que intenta suplantar y distorsionar la esencia de la filosofía ancestral del Sumak Kawsay que rige la vida comunitaria de nuestros pueblos.

Un conservacionismo que busca instalar su agenda ecocapitalista

En la Amazonía ecuatoriana, las ONG conservacionistas se han convertido en monopolios que operan los bonos de carbono y controlan los proyectos REDD+ (Reducción de las Emisiones debidas a la Deforestación y la Degradación de los bosques), en línea con las políticas financieras del capital verde. Su objetivo es desarrollar las agendas ambientalistas que tienen como objetivo central convertir los territorios indígenas en mercados de servicios ambientales e instaurar negocios financiados por capitales vinculados al carbono.

Los proyectos REDD+ son un mecanismo internacional creado por la ONU para mitigar el cambio climático y reducir las emisiones de CO2, que es uno de los principales Gases de Efecto Invernadero (GEI). Los Bonos de Carbono proveen los ingresos para financiar el desarrollo de los Proyectos REDD+. En la provincia de Pastaza, más de 10 ONG conservacionistas conforman la denominada Mesa Técnica para la Gestión Ambiental del Área Ecológica de Desarrollo Sostenible Provincial de Pastaza (AEDSPP). Desde allí, sin consultar a las comunidades, promueven sus agendas ecocapitalistas sobre los pueblos indígenas y ofertan a las comunidades proyectos clientelares de supuesta mitigación ambiental.

Para materializar su agenda colonial, estas ONG concibieron el proyecto de decreto que establece los Principios Inherentes a la “Selva Viviente - Kawsac Sacha” y sus pueblos originarios. Este proyecto, que no ha sido consultado con las nacionalidades y pueblos indígenas, plantea que “los principios del Kawsak Sacha rigen en todos los espacios geográficos del Ecuador en donde existan selvas, bosques, cerros, montañas, cuevas y otras formaciones geológicas, elementos naturales del dominio hídrico público (ríos, cascadas, lagunas, fuentes de agua, etc.), ecosistemas frágiles en general y más componentes del patrimonio natural y cultural”.

El proyecto plantea que el régimen del Kawsak Sacha posibilitaría “la protección del patrimonio natural y cultural existente en las tierras y territorios indígenas, a través de una nueva figura jurídica de conservación, que se origina en la cosmovisión de los pueblos originarios, lo que implica considerar a la Selva Viviente o Kawsak Sacha como sujeto de derechos, dotada de vida”. De aprobarse esta nueva figura jurídica, aproximadamente 5.000.000 de hectáreas de las 11 nacionalidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana se convertirían en áreas protegidas y estarían bajo la órbita del Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica, y el Ministerio de Cultura y Patrimonio.

La injerencia del conservacionismo en nuestros territorios

En el caso de la Nacionalidad Kichwa de Pastaza, la coalición de ONG conservacionistas viene presionando a las organizaciones para convertir 1.400.000 hectáreas de territorio ancestral en un área protegida bajo el régimen de conservación denominado “Kawsac Sacha”. Esta injerencia está causando controversias entre las comunidades y, particularmente, el pueblo Kichwa Kawsac Sacha denunció la utilización arbitraria de su identidad y demandó la inmediata suspensión del proyecto de decreto que vulnera su derecho territorial.

La historia se vuelve a repetir. Las áreas protegidas que existen actualmente en la Amazonía del Ecuador, como el Parque Nacional Yasuní y la Reserva de Producción de Fauna Cuyabeno, fueron creadas arbitrariamente por el Estado mutilando los derechos territoriales de las nacionalidades Waorani, Siekopai y Kichwa. Estos territorios fueron escenario de graves conflictos que pusieron en riesgo la vida de las comunidades.

Para los pueblos indígenas de Ecuador es preocupante la proliferación de proyectos de declaratoria de áreas protegidas promovidas por las organizaciones ambientalistas: ampliación de reservas de la biósfera, ampliación de las zonas de amortiguamiento del Parque Yasuní, establecimiento de corredores biológicos, reservas bioculturales o áreas intangibles. Estas propuestas de las ONG son inconsultas y amenazan la integridad de los derechos territoriales de las nacionalidades.

El escenario se vuelve más complejo y conflictivo con la ocupación de los territorios indígenas por parte de las empresas coloniales de extracción petrolera, minera y forestal. Peor aún, estas industrias extractivas pretenden controlar por la fuerza los ecosistemas boscosos, cuencas hidrográficas, biodiversidad, y paisajes naturales de los territorios de las comunidades.

Descolonizar nuestros territorios para resistir a la nueva ola colonial

Las ONG conservacionistas intensifican su injerencia colonial con una clara estrategia de desarticular y desmovilizar los procesos de construcción y ejercicio pleno de los derechos territoriales, la autonomía y la libre determinación de los pueblos indígenas. Su propósito es controlar globalmente los territorios indígenas de la cuenca amazónica y transformarlos en grandes mercados de carbono y de servicios ambientales. Para asegurar sus objetivos y negocios verdes pretenden controlar las organizaciones locales y regionales mediante la cooptación de sus dirigentes y la financiación de micro proyectos asistencialistas y clientelares.

Una clara evidencia de la intromisión externa es la profunda crisis y división que atraviesan las organizaciones indígenas más importantes en toda la cuenca amazónica. Con profunda preocupación constatamos, a través de nuestra memoria colectiva, la agresiva injerencia de empresas transnacionales coloniales que continúan invadiendo nuestros territorios, transgrediendo nuestras costumbres y expoliando nuestros derechos con soberbia imperial.

Para hacer frente a esta nueva ola colonial de doble rostro conservacionista y extractivista es imperativo descolonizar nuestros territorios y levantar una verdadera agenda de autonomía y libre determinación. Esta debe ser construida desde el corazón de nuestras comunidades y pueblos, con nuestra propia visión política del Sumak Kawsay. Debemos hacer posible la efectiva soberanía de nuestros territorios y el ejercicio pleno de todos nuestros derechos conquistados mediante la resistencia histórica de nuestros pueblos.

 

Alfredo Vitery Gualinga es Sumak Runa Yachai Kuraga de la comunidad Kichwa Yana Yaku, del pueblo ancestral Kichwa Kawsak Sacha Pastaza-Amazonia del Ecuador.

Foto de portada: Atardecer en el Parque Nacional Yasuni. Foto: SNAP

 

Etiquetas: Debates Indígenas, Conservación

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